27
septiembre

Sin insignia y sin reloj

periodistaUn periodista aún más veterano que yo me dijo hace mucho tiempo que había dos tipos de articulistas que no soportaba: los que estaban todo el tiempo hablando de sí mismos y los que sembraban sus columnas de citas cultas y referencias pedantes.

Es lamentable, pero este artículo lo tengo que enfocar desde un punto de vista personal. Ya me disculpará mi viejo compañero, pero es que hace sólo unos días recibí una noticia trascendente: la empresa en la que estaba trabajando nos finiquitó a mí y a otros muchos compañeros, dando cumplimiento así a lo que nos había anunciado dos semanas antes. Dos semanas trabajando y sabiendo que te van a largar sí o sí se hacen muuuuy duras, lo puedo asegurar.

El día del finiquito, la sensación fue un poco la del que sabe que un familiar se va a morir de todas todas y en un momento dado recibe la noticia de que ya ha sido, de que se ha muerto. Lo esperabas, pero no por eso deja de ser triste.

Porque llevo 22 años trabajando de periodista, 18 de ellos en la misma empresa, y porque llevado a lo mejor por un punto retro, he recordado esas películas españolas antiguas en las que salía Gumersindo, o Florencio, o quizás Torcuato, pero en cualquier caso un tipo que llevaba toda la vida en la Casa y que cuando llegaba la edad de su jubilación recibía un agasajo de todos sus compañeros, una opípara cena y un reloj. Grabado, por supuesto.

Mi padre fue durante un montón de años funcionario de la Seguridad Social, en concreto de un ente que se llamaba Instituto Nacional de Previsión. Se jubiló anticipadamente y le hicieron una fiesta así. No le regalaron un reloj, pero sí una insignia de oro que le pusieron en la solapa de la chaqueta. Pronunció un emocionante discurso y mi madre se sintió muy orgullosa.

Son otros tiempos, supongo. Para mí no hubo insignias ni relojes. Tampoco iré a mi antiguo centro de trabajo, como tantos jubilados, a ver cómo siguen los muchachos. El día del finiquito me vi con ellos y nos emborrachamos a base de bien. A ver, no todos los días te echan a la calle, era cuestión de celebrarlo.

Para mí no hubo insignias ni relojes. Tampoco iré a mi antiguo centro de trabajo a ver cómo siguen los muchachos

Me voy sin sensación de fracaso, eso lo tengo clarísimo. Si acaso fracasé fue en la elección del oficio, pero no en su ejecución. En los últimos días he escuchado tantos elogios de otros periodistas que no puedo recordarlos todos. Me han parecido sinceros, de corazón, y eso me hace sentirme mejor. La autoestima está a salvo. Probablemente también lo habría estado sin tanta lisonja, pero en cualquier caso no le viene nada mal.

Me propone Álvaro Calleja (grande donde los haya, como persona y como profesional, ejemplo de integridad) que haga un blog aquí. Ahora no tengo muchas ganas de escribir, pero seguro que pronto me entran, así que digo que sí. Para decir cosas como éstas, pero también muchas otras. Para seguir sintiéndome periodista, que al fin y al cabo es lo que soy.

O mucho me equivoco o el periodismo tradicional, el que he practicado durante todos estos años, tiene las horas contadas

Pensé en titular esta sección ‘El último patio’, como homenaje al último artículo de opinión que escribí en el periódico al que ya no pertenezco, sin duda el que más repercusión tuvo. Pero luego cambié de opinión porque lo de Horas contadas tiene una doble acepción interesante: porque o mucho me equivoco o el periodismo tradicional, el que he practicado durante todos estos años, tiene las horas contadas. Pero también porque después de todo habrá que seguir contando cosas, contar los días, las horas y los minutos, contar lo que pasa, lo que uno ve. Yo seguiré haciéndolo y envalentonándome con la idea de que me cuadra perfectamente lo que se decía en Primera Plana. Cuando el gacetillero (Jack Lemmon) dijo que abandonaba definitivamente la profesión, su jefe (Walter Matthau) replicó que eso era sencillamente imposible, por definición. “No se le pueden quitar las rayas a un tigre”.

Vaya, joder, al final me ha salido hasta una cita. Debuto cayendo en los dos errores que me rogaron que evitara. Si es que no tengo remedio…

Comentarios en este artículo

  1. Horas contadas para el periodismo tradicional…Hora llegada para el periodismo independiente en su mas pura acepción. Lo que te ha pasado a ti y le está pasando a tantísima gente tiene un origen, una causa y una solución, mientras los medios de comunicación se empeñan, cada vez mas, en señalarnos orígenes, causas y soluciones equivocados. Un abrazo fuerte Tigre.

    Ernesto Noguerol
  2. Afortunadamente hay vida después de un medio de comunicación tradicional y sigue habiendo información y buenos informadores a través de las nuevas plataformas de comunicación. Hay que aposta por las redes sociales y los medios de información en internet que cada vez tienen mas calidad y lo mejor de todo, cuentan con profesionales que hacen su trabajo de forma veraz, contrastada y con mas libertad. Estamos de enhorabuena por tenerte aquí, sin duda Granadaimedia merece los elogios de una gran parte de la población de esta ciudad y estamos de enhorabuena por poder seguir leyéndote en la medida que consideres, un buen periodista es como un buen vino, disfrutaremos amigo.

    Jesús Ochando
  3. Como me has invitado a leerte, aquí estoy. Sólo te deseo mucho ánimo y que sigas escribiendo. Eso no tiene cura, te lo digo por experiencia. Yo, ahora, escribo para mis amigos. Besos y suerte

    Cristina
  4. Comandante, larga vida…que la hay.

    ssh
  5. Y yo me alegro mucho de que podamos seguir leyéndote.

    Sandra
  6. Guillermo, nunca te quitarán las ganas de escribir hagan lo que te hagan. Continúa, pocos tienen la sabiduría tuya para contar las cosas. Mi padre me decía que cuando se cierra un balcón se abren mil ventanas. Y él de nuestra profesión sabía un rato, y le cerraron muchas veces la puerta, pero supo afrontarlo. Seguro que a ti se te abre una muy pronto. Animo

    Pedro J. Feixas

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