03
octubre

Una bofetada de dignidad

Antes que nada hay que ver (o volver a ver) esto:


Todo un documento, ¿verdad?

Si fuera una película, a los ojos de la mayoría el señor que pregunta sería el bueno. No porque sea periodista, sino porque es la víctima que no se resigna a quedarse con los brazos cruzados, la persona que se pregunta y pregunta el porqué de las cosas, que tiene delante a alguien que a lo mejor se lo puede explicar (aunque ya de entrada sospecha que no lo hará) y que aprovecha para, si no sacarle respuestas, al menos sí poner en evidencia al poderoso. Sin perder la educación, pero con contundencia y firmeza.

El otro es el malo. No necesariamente porque represente al poder financiero (o, pensándolo mejor, también por eso) sino porque simboliza la imposición, el sometimiento a unos entes supuestamente superiores ante los que no tenemos más remedio que doblegarnos. Se quiere presentar como un tipo normal y corriente pero su soberbia le juega una mala pasada. Menciona al taxista para dárselas de guay, de hombre capaz de manejarse en el lenguaje del hombre de a pie. Y el bueno aprovecha ese recurso y lo vuelve contra el malo, le hace caer en su propia trampa echando mano del mismo taxista, de ese oficio que según el interlocutor le lleva a estar bien informado, lo acorrala con su insistencia y termina dejándolo a la altura del betún, tragando quina y rogando para sus adentros que esa tortura termine cuanto antes. Una victoria dialéctica en toda regla.

Dialéctica porque sólo ha sido eso, porque es la única satisfacción que se puede llevar el bueno. Eso, que muchos de los que hemos visto el vídeo le admiremos por su fantástica intervención y que esa tarde, horas después de la agitada rueda de prensa, se llevara un montón de palmaditas en la espalda mientras, espero, paladeaba el copazo que se había ganado a pulso. Porque por lo demás, el hombre malo terminaría por recomponerse y al día siguiente volvería a su trabajo, y por supuesto la Banca no se plantearía ni por un momento cambiar sus planes respecto a Irlanda sólo por ese simple traspié. Si esa tarde el malo también se tomó una copa, el trago debió saberle más amargo, pero eso no deja de ser un detalle nimio.

¿Cuántos periodistas tienen ocasión de hacer preguntas incómodas y tocapelotas?

Me pregunto cuántos periodistas quedan como el bueno. Me gustaría pensar que abundan, pero no es así. A esos niveles no, pero a menor escala estoy seguro de que muchos hemos tenido alguna vez una oportunidad parecida, la ocasión de hacer un auténtico bombardeo de preguntas incómodas y tocapelotas a un político o un banquero de cuyo proceder nos hemos quejado (en privado) hasta la extenuación. Y, que se salve quien pueda, me temo que la hemos desaprovechado.

Fundamentalmente por miedo. Por miedo al propio personaje (hace cosa de veinte años tuve enfrente a Borrell, por entonces ministro de no sé qué, y tenía en mente una pregunta que hacerle pero me la quedé para mí al ver cómo humillaba a los tres o cuatro compañeros que me precedieron en el turno) o a las consecuencias de tus actos, a la llamada que recibirá algún superior en tu trabajo, una llamada realizada a instancias del propio político o banquero y que mezcla la queja por el injusto trato recibido y la velada amenaza de que eso no debería repetirse, porque el que saldría perdiendo sería el medio de comunicación. Una llamada que el superior, con tanto miedo como tú o más aún, traducirá después en un chorreo hacia tu persona, en una bronca morrocotuda y mezquina, que te dejará más al borde de la náusea cuanto más te dé por pensar en lo bonito que habría sido que desde tu gremio se pusieran de tu parte, en lugar de darle la razón a la otra.

Nos tienen asustados y lo saben. Como saben que no vamos a hacer gran cosa por rebelarnos para la mierda que nos pagan. ¿Pretende alguien que un recién llegado para el que el mileurismo es una quimera le plante cara a un poderoso y ponga en juego su (eventual) futuro profesional? ¿Nos puede alguien exigir algo así?

No lo creo. Por eso valoramos lo que ha hecho el periodista irlandés como si fuera un héroe de ficción, el protagonista de una película en la que el bien, por lo menos, le ha pegado una bofetada al mal. Una bofetada de dignidad, de vergüenza y de todos esos otros valores que con seguridad tenemos, pero que con tan poca frecuencia nos dejan airear.

Comentarios en este artículo

  1. La crisis cambiará cuando el miedo cambie de bando.
    Saludos

    Ernesto Noguerol
  2. Gran post. A mí me pasó algo parecido cuando hacía prácticas en EFE Sevilla. En la sede del PP, creo que era Antonio Sanz, daban datos de la superficie quemada en el gran incendio de hace unos años en Sevilla. En ese momento recordé la información que había leído esa misma mañana en el diario El Mundo y dije, “vaya, si son los mismos datos”. Pensé que nos estaban tomando el pelo a todos dando los mismos datos que ese medio, así que pregunté por las fuentes. Nunca antes me habían mirado de esa manera; lógicamente, la respuesta fueron evasivas y, claro, viendo que este hombre quería derretirme con la mirada, dejé de insistir. Suerte que un compañero, tendría unos 50 años y era de RNE, volvió a hacer la misma pregunta que yo. Las mismas evasivas, pero esta vez el político agachó las orejas ante el informador veterano. No tuve el coraje de este periodista irlandés, el mismo que tuvo el compañero de RNE, pero ese día llegué a casa con la satisfacción de haber puesto en aprietos a un político con muchas ruedas de prensa a sus espaldas.

    Alberto
  3. Excelente el tono y el detalle, buscando el último signo de dignidad en un oficio necesario. Me parece un hallazgo escribir sobre estos pequeños pasos, porque también ocurren, y ya ni nos acordamos. Gracias.

    Vicente
  4. ¿Sería posible una situación como la que muestra el vídeo en una rueda de prensa actual en nuestra querida Españistán? Lo dudo.
    Hablando del BCE, una entrevista clarificadora: http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-entrevista-vicenc-navarro-juan-torres/1541144.shtml.
    A estos 2 muchachos se les entiende todo, por ejemplo (minuto 5:30): Si el BCE hubiera prestado directamente al Estado (en vez de a la banca privada), la deuda española representaría el 14% del PIB en lugar del 90%

    johnny mentero
  5. Me alegro de haberte encontrado por aquí, Guillermo, y de que hayas dado con un hueco donde se pueda seguir escuchando la voz un periodismo digno. No caigáis en el silencio.

    Francis Becario
  6. Ese despliegue de valentía y temple a la vez, es tan inusual ,que lo primero que se me ha pasado por la cabeza es que además de ser un gran periodista ,le importaba tres pepinos las posibles represalias posteriores a la rueda de prensa,dado la edad que aparenta tener.
    En España actualmente nos vendría de lujo tener periodistas con esta osadía.

    Elena Bautista Adame
  7. Simplemente gracias por esta publicación, compañero y amigo.

    Kpicúa

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