09
octubre

La gente a la que hay que odiar (o no)

Protesta-GH-ERE

“¿Eres tú el hombre al que hay que odiar?”, le preguntaba Barney, el borracho de Los Simpsons, al repugnante señor Burns. Y a raíz de eso me pregunto a quiénes debemos odiar los periodistas. En el caso de que haya que odiar a alguien, que a lo mejor no.

Muy a menudo, desde arriba, nos han querido hacer ver que es a los otros, a los de los demás medios, a la competencia. Sobre todo a la más directa. Nos han imbuido eso de tal manera que lo hemos llegado a interiorizar, y todos (generalizo a sabiendas de que habrá excepciones que confirmen la regla) nos hemos mofado más de una vez del titular del rival, de su tardanza en hacerse eco de una noticia, de su desvergüenza al hacerla pasar por exclusiva cuando fue un trabajo que ya hicisteis vosotros, los buenos. Porque vosotros sois los buenos, de eso no cabe duda.

Estuve muy poco tiempo en una empresa que en ese sentido actuaba como una secta. Nada más llegar me advirtieron de que yo TENÍA que ser como ellos, actuar como ellos, hablar como ellos, y mezclarme con los demás lo mínimo indispensable, no fuera que me contaminara de su vulgaridad. De eso hace ya dos décadas, yo por entonces era más impulsivo y también más reacio a aceptar órdenes, así que, metafóricamente hablando, el dedo del medio de la mano derecha se me puso todo tieso al escuchar esas estupideces e hice caso omiso a todas las consignas. Dos meses después ya no pertenecía a la secta.

Es parte del oficio saber reconocer quiénes son realmente los tuyos, tu tribu, tu gente. Y no es otra que la que ves a diario en las ruedas de prensa, la que comparte contigo prisas, fatigas, contratiempos (“joder, que he llegado tarde, pásame la grabación”), sinsabores y hasta lágrimas en la barra de un bar. Pero también risas, complicidad y cercanía cuando es necesario.

Cuando, y esto pasa cada vez más, te informan de que a fulanito lo han puesto en la calle o de que tal o cual medio ha chapado. ¿Con quién vas a estar en ese momento, con los de arriba, con los que te dijeron que esos tipos no tenían ni puta idea, o precisamente con ellos, con la tribu, por la sencilla razón de que sabes con certeza que eso mismo que les ha pasado a ellos te puede pasar a ti (que probablemente te va a pasar a ti) y entonces sí que te darás cuenta de que eres tan carne de cañón como ellos?

Es parte del oficio saber reconocer quiénes son realmente los tuyos, tu tribu, tu gente

Aún estaba yo en Algeciras. En el periódico para el que trabajaba había tambores de guerra y los curritos nos movilizamos, hicimos una concentración de protesta y allí apareció un fotógrafo del (odioso) periódico de la competencia para inmortalizarla. Mi director pensó que era yo quien le había llamado y me metió en el despacho para, por decirlo suavemente, afearme mi conducta. No fui yo quien llamó, pero no me dio la gana de enfocar por ahí mi defensa; habría sonado a disculpa y no tenía la menor intención de disculparme. Ni hablar, porque lo primero que me soltó fue que yo le había dado “argumentos al enemigo”. Tal cual.

Eso me lo estaba diciendo un periodista, una persona que en su momento también hizo ruedas de prensa, también precisó de una grabación, también pidió y concedió favores. Estuve a punto de hacérselo ver, a decirle eso de que parece mentira cómo cambian las cosas con el tiempo y un buen sillón, pero me abstuve. Me limité a decirle que, de tener enemigos, no eran ésos. Porque ésa es la tropa y yo también lo soy. Y sé cuál es mi trinchera. Me echó del despacho y varios meses después a él lo quitaron del puesto. Ahora vuelve a hacer periodismo de a pie. Quizás llegara a la misma conclusión que yo. Eso espero, al menos.

Ahora que estoy fuera, no sé por cuánto tiempo, lo veo igual de claro o incluso más. No negaré que a lo largo de todos mis años de trabajo he tenido encontronazos con algunos compañeros (de tropa), el último de ellos hace bien poco, con un tipo al que, en un calentón, llamé gilipollas. Es posible que lo sea, y en mi actual estado de ánimo no tengo ningún interés en que me convenza de que estoy equivocado, pero aun así le defenderé mil veces antes que a alguien que se las da de progresista y que anuncia en su empresa un ERE doloroso que dejará en la calle a un montón de trabajadores porque, palabras casi textuales, “no podemos seguir viviendo tan bien”. Y lo dice alguien que, según las malas lenguas, ganó el año pasado 13 millones de euros. Ya me dirán ustedes a quiénes debemos odiar.

Comentarios en este artículo

  1. Amén. No puedo añadir nada más. Gracias por decir ciertas cosas.

    Luis Arronte
  2. Dices verdades como puños, compañero. Yo también escuché a un gerente decir, el mismo día del cierre de un medio, que no nos concentráramos en la puerta “porque le dábamos el gusto a la competencia”. ¿Qué competencia, si estamos en la calle?? Lo malo es que en Granada hay todavía ‘medios sectas’, como tú los llamas, cuyos trabajadores se alegran de las desgracias ajenas. Lo que tengo claro es que el día que les pase algo a ellos, se encontrarán solos…

    Mª Ángeles Ratia
  3. No puedo evitar recordar aquella frase de Bertol Brecht: “Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó.
    Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde.”
    La primera vez que la leí fue hace 13 años, escrita en un póster con el que un compañero periodista decoraba su rincón de la redacción. Unos años más tarde fue prejubilado. Afortunadamente sigue escribiendo y publicando en diferentes foros…

    Kpicúa
  4. Ser consciente de que nadie es imprescindible en este oficio, que estamos de paso, sirve para mantener un mínimo de dignidad, de honestidad y tratar de no vendernos al postor de turno. Gracias por poner en palabras lo que muchos tenemos en mente.

    Ayla
  5. A mí me encantó compartir contigo una grabación militanta.
    Se te echa de menos.
    Estoy de acuerdo contigo en lo que dices y en lo que te queda por decir.

    Nieves
  6. […] que nos estaba sucediendo era manifiestamente injusto. Contaba con que pudiera pasar, pero aun así me habría fastidiado mucho que encima un tribunal hubiera dado la razón a los que despiden, y no a los que simplemente protestan por haber dejado de percibir un salario al mes, un dinero que […]

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