22
noviembre

Cara a cara

boxeo

¿Qué haría usted si tuviera delante a la persona que le ha echado a la calle?  Supongo que depende, claro. No es lo mismo un callejón que una sede judicial,  y fue precisamente en un juzgado donde, el miércoles, éste que lo es y otros muchos compañeros de fatiga nos topamos con él.

Casi todos optamos por la indiferencia, aunque hubo uno que sí que se encaró con él y le dijo unas cuantas cosas. ¿Se equivocó? Pues no estoy muy seguro, porque a veces creo que la educación es un freno que juega en favor de los canallas. Si quien insultó se quedó mejor así, en su cuerpo se lo lleva. Nada más lejos de mi intención que reprocharle su proceder. Yo, por la tarde, le di un montón de puñetazos a un saco; pero no es lo mismo, dónde va usted a parar [Inciso: Kid Ortega, la Fiera del Realejo, ha vuelto al ring. Que tiemblen los fans de los Simple Minds, que no tendré piedad].

Siempre es bueno ponerse en el lugar del otro, es un ejercicio sano cuando te acostumbras a practicarlo. Me imagino a ese hombre en su casa en la Nochebuena, trinchando el pavo y cantando villancicos con su familia, y me pregunto si en algún momento de la velada recordará que a lo largo del año decidió que 93 personas que hasta entonces habían estado trabajando pasaran a engrosar las listas del paro. Ellos, probablemente, sí que se acordarán de él, y de la familia que le acompaña.

Es habitual que cuando finaliza un año hagamos mentalmente un repaso de lo sucedido, que pongamos en un lado de la balanza lo bueno y en el otro lo malo (eso me suena peligrosamente a Mecano y la verdad es que estoy por dejarlo, pero me arriesgaré) y lleguemos a la conclusión de que ha sido positivo o negativo.  Según han contado, para garantizar la viabilidad de las empresas en las que manda este hombre era imprescindible soltar lastre, deshacerse de personal. Suena a tópico, pero somos números. En el juicio del miércoles se llegó a decir que en un periódico hubo un verano una media de 5,3 becarios, lo que significaba algo más que en el anterior, cuando trabajaron 5,1. Si no ironizo y escribo inmediatamente que ese coma tres es el becario flojo que cae todos los años y que no hace ni el huevo, me voy a deprimir muchísimo.

Pero a lo que iba: las empresas han soltado ese lastre, así que él, según un criterio puramente profesional, ha cumplido, ha hecho bien su trabajo. Y por lo tanto no debería tener remordimientos.  Ni nosotros deberíamos afearle su conducta. Así sería (así es) en el mundo que algunos justifican. Pero yo, qué quieren que les diga, tengo mis serias dudas. Y no me faltan ganas de hacer otra cosa, pero como soy un tipo educado, me limitaré a darle otra buena tunda al saco esta tarde.  Así nos va.

Comentarios en este artículo

  1. Guillermo, yo también tengo en casa un punching bag 😉

    una vecina

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