09
enero

Dignidad periodística

28D-Inocente

De pequeño me encantaban las Navidades, más adelante me dejaron de gustar y ahora directamente es que me caen mal. Pero vamos, no me hagan mucho caso que yo soy muy así y odio a la Humanidad casi en su conjunto.

Han sido las primeras Navidades que he pasado sin ejercer de periodista después de muchísimos años y por tanto no he tenido que comer deprisa y corriendo el día 25 para irme a currar ni cosas por el estilo. En realidad no me he acordado mucho del oficio en todo este tiempo salvo para cosas muy puntuales, y de hecho una de ellas es la que me ha dado pie a escribir este articulillo.

Ya casi ningún medio de comunicación gasta una inocentada el día 28 de diciembre, cosa que era una costumbre muy arraigada cuando empecé. Había verdaderas competiciones en la redacción para ver quién se salía con la suya y veía publicada la broma, y a mí esa tradición me parecía bien siempre y cuando se tratara de una coña graciosa sin más, algo que no perjudicara a nadie. Pero de repente llegaron los cruzados de la ortodoxia y dijeron que no, que eso de las inocentadas no era ético. Como tampoco lo era, a su juicio, escribir con seudónimo. Me cago en la mar, con la de buenos nombres falsos que eran capaces de parir compañeros como Julián o Moncho, que en un palmo de terreno se inventaban a una corresponsal llamada Natalia Lomas o a un cronista deportivo que tenía por gracia la de Higinio Santos.

Cuando un compañero está en riesgo de perder su puesto nunca faltan buitres a su alrededor para reemplazarlo

Pues resulta que de buenas a primeras nada de eso era ético. La profesión más vilipendiada y peor pagada, la que menos indulgencia provoca en los demás (y eso que debía ser al revés, que nuestro trabajo y nuestros posibles errores se exponen a diario) se las dio de digna y suprimió lo de gastar una broma inocente en el día de los ídem.

La decisión la adoptaron mentes pensantes que, con el paso de los años, fueron acentuando su tendencia a emplear a gente sin contrato y/o a reducir los emolumentos de sus empleados, hasta el punto de que ahora hay dignísimas empresas que proponen a sus becarios que, una vez finalizado su periodo de formación, continúen trabajando sin cobrar “porque es importante que al menos sigan vinculados”. Eso no me lo estoy inventando, es tal cual. Me perdonarán si digo sólo el pecado y no nombro al pecador.

Aunque no son ellos los únicos culpables; plumillas, foteros y demás fauna de a pie también hemos pasado por el aro mucho más de la cuenta, y así nos ha ido. Llegamos a un punto, hasta ahora sin retorno, en el que nos olvidamos por completo de que existe algo llamado corporativismo y nos dedicamos a hacer cada uno la guerra por su cuenta, con el único objetivo de salvar nuestro propio culo. No protestamos cuando se hicieron más o menos habituales las ruedas de prensa sin preguntas o las entrevistas con cuestionario previo (que, por si alguien no ha caído, impiden algo tan esencial como es el repreguntar, si es que ese término existe). No nos rebelamos contra los desplantes y hasta las broncas de nuestros interlocutores. No ocurrió nada de eso sino todo lo contrario: cuando un compañero está en riesgo de perder su puesto nunca faltan buitres a su alrededor para reemplazarlo. Cobrando menos, por supuesto. 

Nunca fui al ágape anual de CajaGranada, en el que se agolpaban los periodistas aguardando ansiosos la bolsillada

No se nos cae la cara de vergüenza al ver cómo al Jefe del Estado le ponen las respuestas a huevo, en una ridícula demostración de periodismo cortesano (¿se dirá así?) que sólo tiene como objetivo hacerle la pelota al invitado, al que por supuesto nadie osa preguntarle por sus cacerías en el quinto pino o por la reputación de algún familiar. Que digo yo que a los asesores del monarca tampoco les habría sido tan difícil preparar algunas respuestas para salir del paso (ahí van dos ejemplos: “Ya pedí perdón por eso” y  “Ese asunto está en manos de la Justicia”) y evitarles así a los españolitos la sensación de que les han tomado por tontos.

Aceptamos todo eso; es parte del negocio, nos decimos. Si acaso algo lamentamos es que se hayan acabado las comidas prenavideñas con que nos obsequiaban empresas y partidos, cosa que me recuerda no poco a la costumbre que antaño tenían las familias de la alta sociedad cuando daban sus fiestas y hacían pasar a la prensa a la puerta de atrás para darles lo que había sobrado del ágape. Un papeo gratis y un buen regalo son siempre cosas bienvenidas, antes y ahora. Si de algo me he jactado en todos estos años es de que cuando he tenido que ir a uno de esos saraos ha sido prácticamente a rastras. Nunca fui al ágape anual de CajaGranada, en el que se agolpaban los periodistas aguardando ansiosos la bolsillada aunque nunca hubieran escrito una línea sobre esa entidad. El periodismo trincón está en horas bajas y no faltan quienes lo rememoran entre suspiros, pero desde luego siempre fue muy digno.

Mucho más que las inocentadas y los seudónimos, dónde va usted a parar…

* Fotografía sacada del diario ABC vía ‘Moldeando la luz’

Comentarios en este artículo

  1. Ya sólo han quedado las inocentadas en los diarios deportivos. Bueno, y en los consejos de administración, aunque ésas no tienen ni puñetera gracia.

    Encarni
  2. Qué razón tienes y qué engañados nos tenían ( a unos más que a otros) con las falsas promesas y el rollo del “hacerlo por vocación” y de “dar las gracias por poder hacer las prácticas y seguir escribiendo en algún diario” sin que te pagaran un duro, como algunos tuvimos que escuchar y en ese momento creímos que esa era la forma. Ahora, con más experiencia y quizá más aplomo, los hubiéramos mandado bien lejos. Y tal vez la cosa sería distinta si todos, en algún momento preciso, hubiéramos dado algún golpe en la mesa. Pero más que para lamentarse, tus palabras ayudan a ver la incongruencia, la falacia y la de déspotas que hay dirigiendo los medios de comunicación y que piensan que cuantas más cabezas corten, más tarde caerá la suya. Pobrecillos…

    Sara
  3. no sólo lo del rey tiene mandanga… es que cuando el periódico más leido en un país es uno deportivo es que algo no marcha bien… y no hablemos de los ingleses cuyos diarios más leidos son folletines populacheros…
    tenemos un paisano que ha hecho lo contrario que Michael jackson, ha pasado de blanco inmaculado a negro zumbóm y diria “la vida sigue iguuual”

    jesus mescua

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