16
enero

Sin querer

David-vs-Goliath

David contra Goliath

No está bien, yo sé que no está bien, pero me pasa sin querer. Desde hace un par de días no se me va de la cabeza un grupo sevillano de los años ochenta que se llamaba Dulce Venganza. Y no porque de buenas a primeras se me haya ocurrido ahora que quiero matar a una chica, como les pasaba a ellos en la única canción suya que tuvo algo de éxito. Es por… por otra cosa.

Como también es sin querer que esté pensando que el dinero no da la felicidad, de la misma forma que un nombre rimbombante y una mirada altanera no garantizan una victoria en un tribunal. También sin querer se me viene la historia de David y Goliat, y no sé por qué, quizás me esté dejando llevar por mis perniciosas aficiones, pero esa leyenda me la imagino como una pelea en el ring y se me figura que el bajito es, además, rojillo, calvete y con barba pero aun así ya ha tirado a la lona dos veces a su oponente, un púgil mucho más conocido y poderoso pero con el que, ay, no está la afición.

Y sin querer también, me acuerdo de que hay gente desgraciada que no tiene la capacidad de alegrarse del bien ajeno, o de esa otra (quizás la misma) que nunca se solidarizó con el que estaba perdiendo porque no quería bajo ningún concepto ponerse en su pellejo. Para qué iba a hacerlo, si no había necesidad. Esos pobrecitos de espíritu seguirán pensando que se van a salvar justo hasta que tengan la guadaña encima. Y cuando eso pase ya será demasiado tarde para ellos, como se dice en ese poema del que tanto se ha escrito. Que no esperen entonces que nadie se sume a su causa. Por lo menos a mí que no me llamen, que Dios dijo hermanos, no primos.

La verdad, muy críptico y muy sombrío me está saliendo esto para lo bien que me siento, que tentado estoy de confesar que tengo el corazón contento y lleno de alegría, aunque sea por un motivo que, por otra parte y como cosa excepcional, me lleve a felicitarme por los reveses que sufren otros. Que me perdonen por mi ruindad: me ha entrado sin querer.

 

Comentarios en este artículo

  1. ¿Y lo a gusto que te has quedado?

    Encarni

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