28
enero

Balada del parado

oficina-sae

Oficina del SAE en el Zaidín.

Escucho en la radio que, según un muy reciente sondeo, relacionado con la publicación de los datos de la última EPA, un significativo porcentaje de desempleados ha pensado en suicidarse, tiene importantes problemas de convivencia en su casa y/o mantiene menos relaciones sexuales que cuando estaba trabajando.

No me encuentro en ninguno de esos supuestos, pero tampoco me cuesta demasiado creerme que así sea. Es curioso, pero mientras estamos trabajando fantaseamos con la idea de lo bonito que sería vivir sin dar ni golpe y, cuando no lo damos, corremos riesgo de caer en la desesperación. No es tan así, claro, estaba medio bromeando. Queremos vivir del aire pero con una cuenta corriente con muchísimos ceros que nos respalde, no estar mano sobre mano sin saber qué será de nuestro futuro y con la certeza de que el dinero del desempleo es finito.

Lo que más fastidia de quedarse parado es la constancia de que te han echado. Al principio es algo en lo que no reparas. Optas por pensar cosas como: “Mejor, que se pudran, que ya tenía yo ganas de mandar este puto curro al carajo”. Después reflexionas (tienes todo el tiempo del mundo para reflexionar) y afrontas el hecho de que te han largado. Y eso no está bonito, eso le viene fatal a tu ego, a tu orgullo. Ya, ya sé que muchísimos de los que estamos parados no lo estamos por haber sido unos inútiles, sino por circunstancias que escapan a nuestro control, pero aun así duele. Como duele, porque pensar en ello es inevitable, decirte (o hasta proclamar) que no es justo, que antes que de ti deberían haber prescindido de fulanito o menganita.

Asumida tu nueva situación, el camino sigue sin ser de rosas. Más te vale mantenerte activo, porque si no corres serio riesgo de caer en la depresión. Levantarse por las mañanas y encarar el día con la idea de que no hay nada que hacer es lo peor. De ahí a pensar que eres un incapaz y que a partir de ahora todo va a ir cuesta abajo hay sólo un par de pasos. En vez de la rutina de la vagancia, hay que crearse la de la acción. Aparte de las que siempre nos recomiendan, que es aprender idiomas y recibir cursillos de comunity manager, hay otras muchas: hacer deporte, cocinar en casa, montar tertulias en torno a un café, dar largos paseos para conocer sitios aún inexplorados…

La ilusión está bastante tapada, pero hay que seguir alimentándola. Si no de sueños, al menos de pequeñas victorias y buen tinto, que eso también ayuda. Es bastante probable que la felicidad consista en cosas así. En eso y en tener a tu lado gente de ley. Si sabes que la tienes y te sigues queriendo podrás repetirte, con total convencimiento, que te han golpeado pero no te han mandado a la lona. Y que no van a poder contigo así como así.

 

Comentarios en este artículo

  1. […] Ortega entona en ‘Horas Contadas’ esta ‘Balada al parado’ en la que habla de la necesidad de alimentar la esperanza para sobrevivir a lunes al sol que llegan […]

    Granada Despierta con Mercadona y Caníbal | Granada despierta
  2. Hola Guillermo:
    Entiendo tan bien todo lo que dices que casi parece que hablas de mí. Aunque en realidad lo haces, de mí y de todos los que pasan o han pasado por un despido o por no encontrar trabajo.
    Mis años sin un trabajo como el tradicionalmente entendido con sus 8h y su contrato laboral decente va casi para 3. Yo también trabajaba como periodista en Granada, pero justo en los albores de la crisis decidí marcharme en busca de mi sueño: dedicarme a la comunicación para el desarrollo. Ilusa de mí.
    Durante este tiempo he vivido en varias ciudades y he crecido cien años. He echo malabares para ganarme la vida y seguir intentando dedicarme a lo que deseaba pero la sucesión de puertas cerradas rozan el dolor físico.
    Aunque hasta este punto no lo parezca, mi mensaje es de ánimo, por la experiencia que he vivido. He pasado por cada fase que describes y ciertamente el apoyo de la gente que te quiere es un pilar indispensable para la supervivencia. Lo mejor de todo es que aunque todo parezca un profundo pozo sin fin, no tiene nada que ver con eso. Ese es el panorama que nos inyectan como microchip en el cerebro para dejarnos anestesiados de desesperanza, convertirnos en unos zombies a los que poder controlar sin resistencia.
    Lo que pasa es que hay otras maneras y otros conceptos que no les conviene que aprendamos: vivir con menos, disfrutar del día a día sin obsesionarse con el futuro, reinventarse en nuevas alternativas, mantenerse activo o pasivo. No hacer nada tampoco es malo, por mucho que nos cueste creerlo.
    Has tocado un tema en el que me gustaría decir tantas cosas que casi estoy ya superando tu post. Perdona.
    Sólo mandarte mi ánimo, una vez pasada la fase de desesperanza llega la de la ilusión y la certeza de descubrir que el mundo puede ser de otra manera y uno mismo también. Te animo a conocer el camino del “desaprendizaje” para que des cabida a todo lo nuevo.

    Un abrazo (y disculpa otra vez el rollo)

    Sandra Cámara
  3. De rollo nada. Muchas gracias, compañera.

    Guillermo Ortega
  4. Excelente Guillermo. La lucha por esas pequeñas cosas que hacen la felicidad hay que ganarla día a día, en eso consiste no darse por vencido y sobrevivir. Un saludo desde otro golpeado pero no mandado a la lona.

    Antonio B.

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