06
febrero

Sin escapatoria

Conforme me fui desencantando de la prensa de información general, fui refugiándome en la deportiva. Eso empezó a ocurrir hace cuatro o cinco años, cuando, por estas cosas de la vida, me tocó encargarme de las noticias políticas y descubrí, o para ser más exacto me reafirmé en mi impresión, de que aquello era una aburrida partida de ping-pong: tú me acusas de haber autorizado una obra ilegal en tal pueblo, por ejemplo, y yo contraataco diciendo que eso mismo lo hiciste tú antes en otro sitio.

A la vista de ese panorama, la prensa deportiva me pareció una escapatoria fascinante. Tal como yo la veía, al menos, tenía tres ventajas fundamentales: era entretenida, superficial y no se sentía en la necesidad de ser veraz. Recuerdo un verano en el que un tal Ribery se llevó no menos de seis portadas de un periódico nacional porque al parecer ya estaba fichado y requetefichado por el Real Madrid… y luego se quedó en el Bayern de Munich, cosa que por otra parte no forzó al medio en cuestión a rectificar.

Total, que el As o el Marca venían a ser para mí lo que el ¡Hola! para los amantes del cotilleo glamouroso (no puedo evitarlo, he de recomendar su sección de ecos de sociedad, páginas en blanco y negro donde se da cuenta de acontecimientos fabulosos como la boda de Don Fulano de las Altas Torres y los Verdes Prados con doña Mengana Vázquez-Consuegra y Riquelme-Figueroa, a la que asistió, por cierto, la siempre elegante Macanita Pérez-Johanssen Ramírez-Braganza, de soltera Martín Martín) o el Cuore para quienes optan por la frivolidad sin más. Romperé una lanza a su favor: es una revista muy recomendable para sobrellevar las esperas en los aeropuertos, sé lo que me digo.

Eh, no me malinterpreten, que no estoy tan desconectado como parece. Oigo la radio nada más despertarme, veo al menos un telediario al día y nunca se me olvida entrar en la página del kiosko de prensa para al menos repasar las portadas de los diarios. Sé quién es Carlos García Revenga, estoy más o menos al tanto de las andanzas de Luis Bárcenas y tengo entendido que a un hijo de Jordi Pujol lo comparan con el primo de Zumosol.

Todos ellos, y otros muchos, conforman un país curioso y transmiten la idea de que España, al cabo, no ha cambiado en exceso desde los tiempos del Lazarillo de Tormes y otros pícaros del estilo. A lo mejor ahora no hace falta decir en voz alta eso de: “Usted no sabe con quién está hablando, que yo tengo influencias”, frase que tan en boga estuvo en los tiempos de Franco. Hay otras formas, es natural, pero el ventajismo sigue ganándole la partida a la meritocracia, no sé si me explico.

Sabiendo eso, la prensa deportiva era para mí un remanso de paz, un oasis en medio de un desierto torturador. ¿Por qué castigarme una y otra vez -me decía- con páginas y más páginas de porquería política si podía emplear mi tiempo en leer la paliza que le había dado el Athletic al Manchester United en Old Trafford? Dicho de otro modo: ¿por qué releer a diario a Sartre si sabes de sobra que te va a dejar el cuerpo cortado?

Igual alguno se pregunta por qué hablo de la prensa deportiva en pasado. Muy perspicaces, queridos. Lo hago porque de un tiempo a esta parte abro esos diarios y también me encuentro (presunta) corrupción por todas partes: dopaje sistemático en el ciclismo, y quién sabe en cuántas disciplinas más, cientos de partidos amañados, compra de votos para que el Mundial de fútbol se lo den a un país y no a otro…

Si la cosa sigue así, me voy a tener que quitar también de ese vicio, y me pregunto qué me quedará entonces. Espero que al menos se mantengan las revistas que hablan de las estrellas del rock, tipos que se dedican al único oficio en el que ser corrupto, drogadicto y perverso está hasta bien visto. Si me limito a eso puede que eche de menos el contacto con el mundo real, aunque, bien mirado, el día a día es tan horrible que no me perdería nada.

* Foto portada del diario Marca.

 

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