12
febrero

Preguntar es molestar

Es más que probable que todos hayan visto ya esto, pero es importante que lo vean de nuevo, hasta el final, con audio y fijándose en todos los detalles. Gracias.

De acuerdo, todo el mundo se fijó en su momento en el único detalle que parecía esencial: la directora general de la Agencia Tributaria, Beatriz Viana, no se percata de que los micrófonos están abiertos y dice algo inoportuno. Pero la verdad es que a mí eso no me parece para tanto. Le ha ocurrido a otros muchos antes que a ella y, para su desgracia, dijeron barbaridades mucho más gordas.

Me llama mucho más la atención el individuo que se acerca segundos después. No sé si es un asesor, un mando intermedio o, lo que sería peor, alguien de prensa del ministerio. El hombre sugiere a la directora que “nos vayamos por la izquierda para evitar más preguntas”, a lo que añade, con un gesto que me parece de notable desagrado, que eso es lo más adecuado porque los periodistas “todavía tendrían ganas de hacer más”.

Es tan obvio que no haría falta ni decirlo: a los periodistas nos pagan por preguntar. Pero no porque nosotros queramos saber las cosas, porque tengamos un ansia de cotillear incomparable, porque seamos más fisgones y más mezquinos que la vieja del visillo. De eso también habrá un poco o un bastante, admitámoslo, pero fundamentalmente preguntamos porque representamos a un medio de comunicación que luego transmite esos datos al público en general. Preguntamos para que la gente se entere de lo que pasa. Preguntamos porque, si no, muchas cosas no se sabrían. Preguntamos porque es nuestro trabajo, ya lo he dicho antes.

SinpreguntasnocoberturaSi resulta que preguntamos y no nos contestan, pues insistimos, reformulamos la pregunta a ver si así hay más suerte.  Si no nos responden hoy, volvemos a la carga mañana. Y si la persona de la que queremos obtener esa información pasa finalmente de nosotros, nos vamos a por otra que pueda satisfacer nuestra duda, porque no queremos que nos oculten nada. Porque no queremos que a la gente se le oculte nada. 

Así es la cosa.

Ese señor a quien tanto parece disgustar la situación no es el único que abomina de los periodistas, ni mucho menos. Es más, diría que los que abogan por ocultar son muchos más que los que prefieren ser claros, transparentes, honestos. Y como son más los del primer grupo, siguen haciendo falta periodistas preguntones, moscas cojoneras que, respetuosamente pero con firmeza, den por saco hasta salirse con la suya.

Imaginen el futuro: en todas las salas de prensa habrá un cartel que diga lo siguiente: “Preguntar es molestar”

De un tiempo a esta parte hablo con otros muchos desheredados de la profesión, compañeros de oficio que somos conscientes de que, si volvemos a ejercer, difícilmente será en la situación de antes. Nada más lejos de mi intención que criticar a los que toman el relevo, que de hecho merecen todo mi respeto y mi reconocimiento porque se empeñan en seguir adelante cuando más difícil está la profesión.  Pero, cuando nos vemos, las otra viejas glorias (más viejas que glorias) y yo mismo nos preguntamos si a los que vienen les dejarán ser tan pesados como a nosotros o si esto de retirarse por la izquierda “para evitar más preguntas” se generalizará. Si las ruedas de prensa sin derecho a intervención por parte del periodista serán cada vez más lo habitual y terminarán por convertirse en obligatorias. Si a cada pregunta incómoda seguirá, como el trueno al rayo, una llamada al director del medio (ya las hay, y muchas) para afear la conducta del desvergonzado y la posterior bronca a éste, hasta el punto de que finalmente el pobre gacetillero salga a trabajar poco menos que con un esparadrapo en la boca para evitar tentaciones.

Imaginen el futuro: en todas las salas de prensa habrá un cartel que diga lo siguiente: “Preguntar es molestar”. A muchos les encantaría, que no lo nieguen. De hecho, así todas las directoras generales del mundo estarán más contentas que unas pascuas. 

PD: Notarán que en este artículo repito mucho el verbo preguntar. No es falta de léxico, es intencionado. Los periodistas, o al menos los buenos periodistas, son los que no paran de hacer (y hacerse) preguntas.

* Ilustración de Eric Drooker.

Comentarios en este artículo

  1. […] hay dudas sobre algo, los periodistas preguntamos. Guillermo Ortega habla de ello en su blog Horas contadas y de la costumbre que se va imponiendo de considerar las preguntas de los periodistas como algo […]

    Granada despierta con media Chana en Ronda | Granada despierta
  2. Yo me apuesto lo que quieras a que el “individuo” trabaja en el gabinete de prensa y le gusta llamarse periodista.

    Encarni

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