26
febrero

El boxeo y los medios

Nunca había asistido a una velada y el sábado tuve mi bautismo de fuego. Fue en el polideportivo de Gójar y debo confesar que salí de allí muy satisfecho, casi entusiasmado. Me resultó un espectáculo la mar de divertido.

Más tarde, en casa y en modo reflexivo, me acordé de la relación entre el boxeo y los medios de comunicación,  casi inexistente salvo por excepciones como un programa semanal de Marca TV que, por cierto, está superando sus previsiones de cuota de pantalla.

No siempre fue así. Recuerdo haber visto de pequeño combates de boxeo en la televisión pública y en horario de máxima de audiencia (mucho antes de que a eso se le llamara prime time), y me acuerdo también que los periódicos, los deportivos pero también los generalistas, le daban bastante espacio. Grandes escritores como Gonzalo Suárez o Manuel Alcántara se iniciaron como cronistas en ese área.

Así fue hasta que se fundó El País, concebido como el epítome del periodismo serio, y proclamó en su Libro de Estilo que no publicaría informaciones sobre la competición boxística “salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad”. A partir de ahí, el ostracismo.

No me gusta recurrir a las comparaciones porque alguien me podría replicar que un error no corrige a otro y que de esa manera lo único que ocurre es que se suman dos. Pero ese mismo periódico siempre le dado mucha cancha a la por muchos denominada Fiesta Nacional, corridas que fatalmente terminan con la muerte de seis animales, tanto si quieren como si no.  Y que alguien me lo diga si estoy equivocado, pero nadie pregunta a esos toros si desean acudir esa tarde a la plaza. Los veinte púgiles que pelearon en Gójar, en cambio, fueron allí voluntariamente. Añado por si alguien se lo está preguntando: soy carnívoro, pero no vendería entradas para visitar un matadero.

Sería una estupidez negar la mayor. El boxeo es un deporte noble pero también violento, que consiste fundamentalmente (diría que casi exclusivamente) en que dos personas, sobre todo hombres pero en ocasiones también mujeres, se enfrentan a puñetazos en un ring. Eso tiene sus riesgos, es evidente. Pero hace ya mucho tiempo que es un deporte (sí, un deporte, y olímpico para más señas) sujeto a unos controles muy estrictos. Es obligatorio que en las veladas haya al menos un médico, una ambulancia y ese tipo de cosas, y esos combates sangrientos en los que el púgil caía una y otra vez (hay que ver el daño que hizo Rocky, dicho sea de paso) han pasado a la historia. Ahora, en cuanto el árbitro observa que uno de los contendientes está en inferioridad, para la pelea y punto. Bastante más arriesgado es, si nos ponemos así, el montañismo. Y perdonen que recurra otra vez a las comparaciones.

Dejo para el final lo del “sórdido mundo”. Al menos en Gójar  no observé nada que me lo pareciera. Cada cual animaba al púgil de su elección y nadie se molestó por que el de al lado optara por su oponente. Lo comprobé empíricamente, por así decirlo. Me gustaría poder decir lo mismo del fútbol, aun siendo consciente de que estoy comparando por tercera vez.

PD: De los cinco compañeros de mi gimnasio que compitieron, cuatro ganaron sus combates. Me alegré muchísimo por ellos.

*Imagen (del combate del siglo entre) de Muhammad Ali y (Foreman) y Sonny Liston.

Comentarios en este artículo

  1. Todo muy bien hasta que nombraste el toreo, que al igual que el boxeo es un arte, que tú no sepas apreciarlo es una cosa muy diferente. El toreo era un arte mucho antes de que tú nacieses, lo es, y los será por mucho tiempo después de que mueras.

    También ibas muy bien hasta que al final tuviste que poner que la foto es el combate del siglo protagonizado por Foreman y Ali. Ni fue el combate del siglo ni es Foreman, sino Sonny Liston.

    Por lo demás te animo en tu emprendimiento como columnista de boxeo, pero si vas a mezclar dos artes como el toreo y el pugilismo hazlo con un mínimo de respeto, recuerda al igual que hay personas que no saben apreciar el arte del boxeo igual las hay que no tienen el suficiente nivel como para apreciar el arte de la tauromaquia. Respeta a ambas.

    Joaquín
    • Hola Joaquín. Gracias por el comentario. Sólo aclarar que el error cometido en el pie de foto y la elección de la imagen no son responsabilidad del autor del artículo sino del editor, GranadaiMedia. Hemos pasado a corregirlo. Pedimos disculpas al autor y a los lectores. Gracias por tu puntualización.

      GranadaiMedia
  2. El respeto no está reñido con la crítica. Gracias por la tuya.

    Guillermo Ortega
  3. Pues si, es una lástima que el boxeo no enté dentro de los “estilos” del periodismo de este país. Como dices es un deportes noble en el que está siempre presente el respeto entre los oponentes. Los periódicos seguirán llenando sus páginas de fútbol, mientras que deportes como este y muchos otros quedan prácticamente olvidados.

    Jesus
  4. Que el boxeo no salga en los medios es seguro fruto de la ausencia de comunicación entre el boxeo y los medios. No conozco ningún medio de comunicación que tenga en sus redacciones ‘bolas de Rappel’ para saber cuándo, dónde y cómo hay boxeo. También se debe, sin más, al ‘desplume’ que sufren las redacciones. En fin, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?

    Acorralado en el ring periodístico
  5. Pues debo reconocer que a mi tambiém me gusta el boxeo. Lo veía de pequeño (Durán, Carrasco, Mando Ramos, Legrá, Urtain) y no soy una persona violenta, ahora algunas noches lo veo en Marca Tv.

    Antonio B.
  6. pues yo me acuerdo de combate entre Poli Díaz y Pernell Whitaker. Nos creíamos aqui que le iba a endosar una buena… que ingenuos. No sabíamos que se enfrentaba a unos de los mejores de todos los tiempos y de todas las categorías, y le dio para ir pasando!!

    jesus mescua
  7. A mí me encantó el buen humor con el que Poli encajó esa derrota. “¿Habéis visto? Le he parado todos los golpes con la cara”, dijo.

    Guillermo Ortega
  8. Yo nunca pude evitar los sentimientos encontrados que me provoca el boxeo. Por un lado, me encantan las historias que lo usan como excusa, contexto, escenario o leitmotiv. Y me fascina como espectáculo, algo que constato cada vez que voy de paso por Marca TV cuando coincido con las retransmisiones y me quedo un ratito. Pero por otro lado, hay algo visceral en el rechazo que me produce ver algunos de esos épicos (perdón por el topicazo) combates y las hostiazas que se dan, cuando contemplo a un hombretón tambalearse totalmente grogui por el ring. Contradicciones que tiene una. Por lo demás, y una vez más, comparto sus apreciaciones, sr. Ortega.

    Encarni

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