02
abril

Chipre y los nuevos jefes

chipre

Una de las cosas buenas que tiene estar alejado del día a día periodístico (de la batalla informativa, si prefieren un tono más épico) es que puedes tomar distancia, reflexionar sobre los asuntos que realmente te interesan y olvidarte de los que no. Una de las malas, en cambio, es que por el camino se te olvidan los detalles. Dice mi compadre Juanjo que no debe preocuparme que cada vez tenga más lagunas, porque la cosa irá a peor. Él sabrá lo que dice, que me lleva algunos años.

Por eso, porque ya han pasado algunos días, no recuerdo bien cuándo empezó exactamente el conflicto de Chipre, entendiendo conflicto como corralito, amenaza de salida-expulsión del euro, quita-robo del dinero de los ciudadanos y ese tipo de cosas. Pero sí que me acuerdo de que en un momento dado (al final lo he mirado: el 19 de marzo) se publicó una noticia que me llamó la atención y que venía a decir que su Parlamento había rechazado un plan de rescate ideado desde Bruselas por el que se establecía una tasa para todos los chipriotas con cuenta corriente. De esa forma, a los que tuvieran ahorrados más de 100.000 euros se les descontaría el 9,99% y a los demás, el el 6,75%.

Aquí se trata de obedecer y callar para salvaguardar un supuesto bien común que nos resulta difícil ver

Lo que me sorprendió no fue la noticia en sí, sino el tratamiento que se le dio. Resulta que algo tan fácil como que el órgano donde reside la soberanía del pueblo rechazara una injerencia externa de esa magnitud, se consideraba noticia, en el sentido de algo fuera de lo normal, sorprendente o hasta negativo. Cuando yo entiendo, modestamente, que la verdadera noticia habría sido que el Parlamento dijera: “Vale, haced lo que queráis con nuestro dinero”. Está más que claro que el chipriota de a pie rechazará cualquier medida que signifique perder el dinero que tanto le ha costado ganar, así que, al menos en un mundo sensato, sería vergonzante que los señores a los que ha votado le quitaran la razón hasta en eso.

En días sucesivos leí y escuché comentarios que, si no fuera por su gravedad, me habrían llevado a la sonrisa y hasta a la carcajada. El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem (no se preocupen, no tienen que pronunciar ese nombre muy a menudo) dijo que consideraba “decepcionante” la posición de los parlamentarios chipriotas. Otros dirigentes, y no pocos palmeros mediáticos, hablaron también de la contrariedad que eso suponía para el rumbo de la Unión Europea (aviso encubierto a navegantes: para todos los que pertenecemos a ese club) e incidieron en la irresponsabilidad chipriota y en su mala cabeza.

Con cosas como ésta y como otras, sin ir más lejos las últimas elecciones italianas, tras las que la Unión Europea también arrugó los labios porque su caballo, Monti, no sólo no había ganado sino que llegó de los últimos, me pregunto si no estamos yendo demasiado lejos con según qué cosas. A veces me da la impresión de que estamos perdiendo soberanía a ojos vista. La situación me recuerda a la época en la que muchos se quejaban (yo aún no; era demasiado joven) de que estábamos maniatados y a merced de lo que quisieran hacer con nosotros los Estados Unidos. Visto lo visto, me temo que hemos cambiado de jefe, pero sólo eso.

Me indignan las decisiones arbitrarias de los mandamases y me cabrea la docilidad de quienes gobiernan en la UE

Que no se me malinterprete: no rechazo la Unión Europea como entidad, ni tampoco el euro como moneda. Me molestan las formas, eso sí. Me indignan las decisiones arbitrarias de los mandamases y me cabrea la docilidad de quienes gobiernan en los países que forman parte de la Unión. En el caso de España, por si alguien me quiere tachar de sectario, no tengo ninguna duda de que los socialistas habrían hecho exactamente lo mismo que ahora hacen los populares: plegarse a los deseos del de arriba.

Aquí se trata de obedecer y callar para salvaguardar un supuesto bien común que a casi todos nos resulta difícil ver. Porque no nos lo ponen nada claro, porque hay una opacidad premeditada. No hay que preguntarse nada, sólo decir sí señor. Cualquiera diría que los que toman las decisiones en Bruselas están por encima del bien y el mal, cuando se supone que también son elegidos por los ciudadanos. Porque es así, ¿verdad? Yo es que nunca he votado en las Elecciones Europeas, pero sé que las hay y que ahí se decide la configuración del Parlamento, que después, a su vez, elige a sus órganos de dirección.

PD o moraleja, como prefieran: Chipre, finalmente, aceptó una quita. No tan dura como la propuesta inicialmente, pero una quita. Al que tenga en el banco más de 100.000 euros les descontarán 33.333, con el beneplácito y el aplauso de los políticos a los que paga el sueldo. Los de Nicosia, los de Bruselas y todos los demás. Con cosas así no me extraña nada que cada vez más gente tenga dificultad para creer en la democracia.

Comentarios en este artículo

  1. cierto… y lo peor de todo es que no creer en la democracia alimenta el totalitarismo… ¿y que hacemos? . Yo me voy a vivir a un papel de esos que dan los testigos de jehová, que esta lleno de animalitos, gente wapa, flores… ahhhhhhhh….

    jesus mescua
  2. […] Nuestro compañero Guillermo Ortega reflexiona sobre lo sucedido en Chipre y lamenta el servilismo que muestran muchos gobiernos europeos, entre ellos el del España. “Aquí se trata de obedecer y callar para salvaguardar un supuesto bien…”. Lo mejor es que pasen y lean. […]

    Granada Despierta con Antonio Machín en el Realejo | Granada despierta
  3. Estos lodos vienen de los barros del Tratado de Maastrich. ¿Alguien recuerda el referendum del 92? En España se aprobó con un 44% de participación. Francioa y Holanda lo rechazaron, teniendo una participación del 69 y 63% respectivamente. En España sólo un partido de ámbito estatal que preconizó el No, no por ser antieuropeista, sino por ser anticapitalista. El No obtuvo un 17,2%. ¿Cuanto hubiera sido sí hubieramos visto lo que iba a pasar? Ya ha llegado la Dictadura de los Mercados. Estaba avisado.

    Ernesto Noguerol

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