03
mayo

Un día perfecto hecho añicos

No puedo. Últimamente es que no puedo con esas cosas.

Son las nueve de la noche o así y están dando las noticias en no sé qué canal. Hablan del Día del Trabajo, de lo paradójico que resulta hacerlo cuando media España está en paro y de repente, zas, la fastidian. Porque les da por personalizar el asunto, por abordar el caso concreto de un señor al que ya hace tiempo que se le ha agotado la prestación, que está desesperado, que no sabe ya qué hacer, que esto y lo otro.

Tengo que cambiar de canal, como hice el otro día oyendo un reportaje similar en una radio. Evito esas informaciones no tanto porque yo mismo me pueda sentir identificado con esos protagonistas, porque en ellas se relatan cosas que es posible que a mí me pasen dentro de no mucho, sino sobre todo porque me imagino a más de uno viendo/oyendo esas piezas y exclamando: “Pobrecito”. Como también  se me aparece en la mente la mueca cruel y despectiva del sobrado, del a-mí-nunca-me-pasará-eso, que murmura para sus adentros, o vocea ante sus amigotes, que esto del paro se acabaría si echáramos a todos los moros y los negros, o que la gente que no trabaja es porque no quiere.

A los de ese tipo ni les contesto. A los del “Pobrecito” sí: no quiero conmiseración, quiero trabajo.

Sin poder evitarlo, el día se me ha hecho añicos. Porque pienso en eso y porque lo relaciono con lo que poquito antes he leído: que según el presidente, de aquí a seis años el paro se situará por debajo del 15%. Reflexiono un poco y concluyo: ¿De verdad el hombre desesperado del reportaje que no he querido ver va a considerar eso una buena noticia? ¿Puede consolarse alguien con una promesa tan vaga y tan a largo plazo cuando está en su situación?

Así que se fastidió el día. Una pena, porque todo iba estupendamente. Por primera vez en mucho tiempo, podía afrontar un Día del Trabajo sin la amarga perspectiva de tener que hacer una doble página sobre la manifestación. Así que me dispuse a disfrutar de la novedad. Tenía todas las trazas de convertirse en el Perfect day de la canción de Lou Reed: por la mañana, agradable paseo en bici por la Vega con mi mujer. Después, buenos tintos y mejor compañía en el barrio, y más tarde charla con amigos en terracita soleada. Quedaba la noche y sus múltiples posibilidades. No sé por qué me tuvo que dar ese punto tan estúpido y encender la tele. Y menos aún poner un telediario, con lo mal que me sientan. Me pasa por periodista.

PD: Hablando de periodistas, no puedo pasar por alto la última tanda de despidos. Ahora son en una radio supuestamente progresista; hace no mucho los hubo en la cadena más seguida por los del otro bando. En el fondo da igual: es una sangría permanente.

Comentarios en este artículo

  1. la verdad es que ya no se pueden aguantar tantas informaciones sobre lo mismo; la espectacularización de los medios se está cebando en estos dramas que, por desgracia, nos quedan muy cerca a todos. Ya hace mucho tiempo que evito ver o leer informativos, y soy periodista, pero es que no puedo más con tanta negatividad. Curiosamente, cuando ahora tengo un periódico en las manos hago lo que nunca antes había hecho: empezar por la sección de Deportes.

    Alberto

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