03
julio

nuevo periodismo (en minúsculas)

barco

El pasado septiembre, cuando nos echaron, empezamos a movilizarnos y todas las mañanas salíamos un rato a la calle a protestar. Espontáneamente se nos unieron los becarios, en parte por simpatía personal y en parte porque también veían injusta la decisión empresarial.

Recuerdo que hablé con una de las meritorias y le pedí que no salieran, que no hacía falta que se arriesgaran tontamente, que la empresa podía tomar represalias. “Lo único que nos puede pasar es que se nos complique nuestro futuro, y como no tenemos futuro…”, contestó. Se lo había escuchado mucho tiempo antes a los Sex Pistols, pero me gustó. Por lo menos tenían rebeldía. Si se empieza sin eso, malo.

Fui becario viejuno. Durante la carrera no hice prácticas de verano; preferí trabajar vendiendo billetes de barco, y desde luego saqué bastante más dinero así que el que habría logrado en una redacción. Pero pasé por la experiencia cuando ya tenía casi 28 años, después de abandonar un periódico malagueño que había adquirido el pernicioso hábito de no pagar a sus empleados.

Así que era, por así decirlo, un becario con galones, con experiencia contrastada. Y eso, probablemente, fue lo que hizo posible que siguieran contando conmigo una vez acabado el verano. Pero es algo que no sólo me ocurrió a mí, ojo. Por entonces, los becarios eran, por así decirlo, las canteras de los medios, lo que La Masía en el Barça o La Fábrica en el Madrid. No sólo yo me quedé en el barco, también lo lograron, a la vez o después, José Manuel, Soraya, Quino, Yolanda, Rosario

Antes, hace mucho tiempo, había movimientos en las redacciones. Ahora las plazas se amortizan

Ese sistema siguió vigente muchos años, pero paulatinamente las empresas fueron cerrando el grifo. Estando ya en Granada noté con más claridad que nunca que a los nuevos les ponían cada vez más difíciles las cosas. Con suerte, una beca podía desembocar en otra y probablemente en una tercera, tras la cual existía la posibilidad de hacer un contrato temporal que llegado el caso se podía renovar pero que al cabo de un tiempo, dos años como mucho, expiraba definitivamente, de manera que el/la prometedor/a periodista se terminaba quedando en la calle.

Algunos se pudieron buscar la vida mal que bien y quedarse en Granada o en los alrededores. Otros, como mi querida Niña Rebe, tuvieron que emigrar a otro continente para hacerse con un contrato fijo y un sueldo razonable. Pero el grupo más numeroso es el de los que están a la espera. De no sé qué, pero a la espera.

Antes, hace mucho tiempo, había movimientos en las redacciones. Quedaba un sitio vacante porque a Fulano le habían tocado de tal emisora o a Mengana se la llevaban a un puesto de más responsabilidad en la misma empresa pero en otro lugar. Sus plazas se cubrían, cosa que ahora no ocurre. Ahora se consideran amortizadas, creo que es la palabra que usan.  Es un término poco periodístico, pero les vale.

También da igual que haya en el mercado periodistas con veinte años o más de experiencia. Antes, en los tiempos a los que me refería al principio, se los habrían rifado. En estos momentos no importa que hayan sido brillantes, respetados y hasta premiados; no hay sitio para nadie. Y por supuesto tampoco para los becarios, que serán útiles en tanto en cuanto a las empresas no les cueste nada o casi nada mantenerlos. Después, adiós muy buenas.

El nuevo periodismo es muy distinto a ese Nuevo Periodismo que popularizaron Tom Wolfe y otros hace ya cinco décadas

¿Intento desanimar a los nuevos? Acertaron, lo intento. “Abandonad toda esperanza”, que escribió Dante. Es muy loable que aspiren a contar lo que ven, es fantástico comprobar lo bien que se desenvuelven algunos y verles tirar de recursos. Da envidia constatar que su nivel de inglés es muy superior al de tu generación, que están mucho más viajados y tienen una preparación teórica incomparablemente mejor. Pero se han encontrado con un panorama (y aquí es donde algunos dirían “un escenario”) de lo más adverso. Tratan inútilmente de subirse a un vagón de metro atestado, como esos de Tokio en hora punta que se ven en la tele.

El periodismo tradicional tiene las horas contadas (sí, titulé así este blog precisamente por eso), al digital le falta aún una fórmula de negocio que lo haga lo suficientemente rentable como para abrir las puertas y las alternativas tipo community manager parecen haber nacido saturadas: hay mucha más oferta que demanda, por decirlo suavemente.

El nuevo periodismo es muy distinto a ese Nuevo Periodismo que popularizaron Tom Wolfe y otros hace ya cinco décadas.  Cierto es que siempre habrá cosas que contar y la necesidad de que alguien lo haga bien, con fundamento y criterio. Pero hay gente de sobra para hacerlo. Tentado estoy de escribir “habemos gente”, aun a sabiendas de que es incorrecto pero sólo por incluirme. Los nuevos son mejores, estoy seguro, pero me temo que llegan demasiado tarde para engancharse al periodismo de siempre y demasiado pronto para el que surgirá cuando la profesión, como dicen los pomposos, se reformule. Signifique eso lo que signifique.

Y además, qué coño, un notario de verdad va a ganar muchísima más pasta que un notario de la actualidad, así que no sé a qué estáis esperando, bichos.

Comentarios en este artículo

  1. A mí ya me pilla tarde la recomendación. Leches.

    Encarni
  2. […] distinto a ese Nuevo Periodismo que popularizaron Tom Wolfe y otros hace ya cinco décadas”, escribe Guillermo Ortega en Horas contadas. Una reflexión para los nuevos y viejos […]

    Granada despierta ‘desgranada’ en el Zaidín | Granada despierta
  3. Si te sirve de consuelo, yo empecé a estudiar Derecho (que además es mu bueno pa la espalda) y lo dejé porque quería realizarme como periodista y tal y cual.

    Guillermo Ortega
  4. Tanto como de consuelo no, pero lo tuyo ya es masoquismo puro, macho.

    Encarni
  5. Ya te digo. Con lo bien que estaría yo ahora impartiendo justicia…

    Guillermo Ortega

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