10
julio

Pensamientos vagabundos

J-R-Mora

En la prensa, el verano también suele ser sinónimo de sequía. Julio y agosto son meses de reportajes recurrentes y de noticias que se estiran como un chicle, a las que se las intenta exprimir un día y otro y otro, para rellenar espacio. Por fortuna siempre aparece alguna curiosa, como cuando hace algunos años aparecieron un par de tiburones en la playa de Getares, en Algeciras, y la cerraron al baño. Por cierto, que el alcalde de entonces estuvo cumbre y se refirió a los protagonistas de la noticia como “los escuálidos”, sin que aclarara a renglón seguido si había querido decir escualos o si estaba haciendo un ingenioso juego de palabras y lo que realmente deseara recalcar era que se trataba de ejemplares especialmente delgados.

En estos días me está pasando un poco lo mismo con este blog. Nadie me mete prisa para que lo actualice, pero supongo que hacerlo una vez por semana es insuflarle vida, y al tiempo me supone un ejercicio saludable para las meninges. Si no nos obligamos a pensar, el cerebro se nos atrofia. Hablo en general, claro, hay gente que le vino atrofiado de fábrica.

Pero por más que me las estrujo (las meninges, se entiende) no me sale nada en condiciones. Sólo reflexiones sueltas, diría que de poca envergadura. Fijo mi atención, como siempre, en noticias pequeñas pero curiosas. Pero no sé si me compensa hablar de ellas, no termino de ver el vuelo que podría tener un post sobre las ocas del Genil, que es una historia con un punto tierno, ni estoy en disposición de mejorar lo que ya se ha escrito sobre ese vendedor de abanicos que espera fervientemente que el día que amanece sea muy caluroso porque así podrá ganar algunos euros más.

Tentado estoy de referir alguna de las historias que me cuentan en el gimnasio, como la de un boxeador valenciano que tiene 38 años y se gana la vida trabajando en un matadero pero todavía se sube al ring de vez en cuando porque la bolsa que se lleva (por perder, porque casi siempre pierde) le sirve para darle algún capricho a su hija y a su nieto, que dependen de él. Igual algún día la suelto del tirón, que merece la pena.

Podría hablar de otras cosas, como de lo raro que es sentir algo parecido a la tristeza porque se han ido las vecinas extranjeras que vivían enfrente, una pena incomprensible porque sólo las vi dos o tres veces y nuestra relación se limitó a saludarnos. Tan extraño como añorar a otro vecino, que murió hace tres años y con el que sólo coincidí en unas cuantas ocasiones asomado al balcón. El saber (o intuir, en el caso de las chicas) que a esa gente no las vas a ver más me da añoranza.

De la misma forma, tampoco tiene fuste llenar varios párrafos explicando que es mucho más positivo apreciar el fresquito que hace a las siete y media de la mañana mientras paseo con la bici por la Fuente de la Bicha o por el Camino de las Vacas, que atormentarme con la certeza de que esa es la única hora del día en que el termómetro dará cuartelillo. Y por si alguien se lo está preguntando: sí, hay periodistas que se despiertan tan temprano.

Poca cosa, ya digo. Pensamientos vagabundos que no saben adónde van, o puede que no vayan a ninguna parte. Pero que entretienen, que hacen más llevadero este esperar.

*Viñeta de J.R.Mora.

 

Comentarios en este artículo

  1. Son tiempos vagabundos para todos. A mi me interesa saber cuál es la historia del boxeador que saca pelas perdiendo en el ring para su hija o nieto. Y sí, compañero, añoramos las pequeñas cosas, esas que nos hacen seguir tirando del hilo cada día, que nos recuerdan que ocupamos un lugar en este mundo, que no nos dan ruido pero que llenan nuestro día a día. No dejes de escribir.

    Ayla Lomas
  2. […] Guillermo Ortega reflexiona sobre las noticias de verano y expone algunos de sus pensamientos vagabundos en la última entrega de Horas Contadas. […]

    Granada despierta tras un día de tragedia | Granada despierta
  3. Pues como dice una amiga: salchichón que tú me pidas, rodaja que yo te corte. Así que me comprometo a escribir la historia de ese boxeador. Eso sí, no te prometo cuándo porque dependo de las musas. Muchas gracias.

    Guillermo Ortega
  4. Por si quieres saberlo, tus pensamientos vagabundos vuelan hasta Viena… Te acompaño en las añoranzas y en los madrugones (vivir sin persianas es lo que tiene). Tanto gimnasio y tanta bici te va a dejar escuálido como los tiburones de Getares (lo que me he reído), pero si son ocasiones que te despejan las meninges y te alimentan de historias, guten Appetit! Mi espera se hace más llevadera con estos bocados de realidad que nos ofreces. Con cariño, desde mi ventana a tu balcón…

    Kpicúa
  5. Comentarios así me hacen sentir mejor. Muchas gracias, amiga. Y cualquier día nos encajamos en Viena, que allí seguro que hace más fresquito.

    Guillermo Ortega
  6. Herzlich Willkommen! Os voy haciendo hueco entre las dos pitones…

    Kpicúa

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