01
agosto

Esos locos becarios

becarios, Forgues, humor

En los veranos son la sal de la tierra, las redacciones no serían lo mismo sin ellos. Su torpeza extrema, sus ocurrencias, su ingenuidad y, por qué no admitirlo, sus arranques de brillantez, contribuyen muy mucho a hacer más llevaderos los meses de estío. Quienes han tenido que bregar con ellos, y en especial los que han supervisado su trabajo, nunca los podrán olvidar.  Aquí van varios casos reales, algunos vividos en carne viva, como quien dice, y otros confiados por fuentes fiables. No se darán nombres, no sea que alguien se enfade.

Por lo general, cuando llegan son extremadamente apocados. Su timidez llega a alcanzar tintes preocupantes, como el de aquella chica que le dio las gracias a una veterana que simplemente se dignó a decirle: “Hola, me llamo Fulana” y que el primer día, sólo cuando las tripas le exigían ya con fiereza algo de alimento, se atrevió a susurrarle a uno de sus superiores si veía conveniente que se marchara a casa a almorzar.

Otro se fue a comer pensando que valiente porquería de compañero iba a tener que aguantar. Resulta que el aprendiz, antes de irse, cogió de la mesa un periódico sin saber que era el de un redactor. También desconocía que éste tenía un sentido del humor singular y que solía utilizar el sarcasmo como arma arrojadiza. “Mal empezamos si el primer día de trabajo te llevas el periódico de un veterano”, le espetó. Y claro, el nuevo lo soltó como quien se deshace de una cobra venenosa. Con el tiempo, menos mal, le perdonó la broma-afrenta y ahora son buenos amigos.

Qué le vamos a hacer, la compasión y la misericordia no abundan en las redacciones. Ganas de cachondeo, en cambio, nunca han faltado. Y puestos a tomarle el pelo a alguien, el novato es un blanco perfecto. En tiempos muy remotos se utilizaba mucho un sistema, ahora obsoleto, llamado Edicom 3000. Permitía hacer muy pocas cosas, pero una de ellas era mandarse mensajes entre terminales de ordenador. A los becarios les llegaban con mucha frecuencia avisos como éste: “Su teclado está sucio. Por favor, sacúdalo para proseguir”. Dando por sentado que era el propio aparato el que le estaba haciendo la advertencia, los infelices siempre obedecían y se ponían a darle golpecitos.

También los hay decididos e impulsivos, personas que no se arredran ante nada. Uno llegó proclamando que su objetivo era convertirse en poco tiempo en redactor jefe de El País, aunque su balance hasta el momento no hacía presagiar tal cosa ni de lejos; otro se pasó toda una tarde llamando por teléfono a un jugador de fútbol, a razón de una llamada cada 46 segundos, para que le confirmara una información. Y un tercero necesitaba contrastar una noticia ocurrida en Cataluña, llamó a El Mundo Deportivo y, ni corto ni perezoso, pidió al de la centralita que le pasara “con la sección de Deportes”. Sin disimular su voz de hartazgo, el buen señor le contestó que se trataba de un periódico deportivo, como su nombre ya sugiere.

No quieren que se les cambie ni una coma y eso es loable, pero algunos se pasan un poco de frenada

Si se les da tiempo, terminan por sacar sus garras, por defender su valía y su profesionalidad. No quieren que se les cambie ni una coma y eso es loable, pero algunos se pasan un poco de frenada. Como aquella muchacha que escribió sobre no sé qué competición hípica que se iba a desarrollar pocos días después y puso que iba a ser cubierta por “un millón de periodistas”. Por suerte, antes de que se publicara la noticia alguien la vio y se percató de la tremenda exageración. Pero la meritoria no se dio por vencida. Porfió y porfió hasta la extenuación, primero con su interlocutor y después con todo el que le salió al paso. A la vista de su terquedad, uno de los participantes en el debate le sugirió que intentara visualizar la siguiente escena: un periodista al lado de otro y de otro y de otro, así hasta completar un millón. Imposible, ¿verdad? Pues nada, la mujer seguía erre que erre arguyendo como único apoyo que “el tío lo ha dicho en la rueda de prensa”. Terminó por ceder, pero a regañadientes.

Aunque insisto en que la tónica era intentar agradar. Tanto que a una, cuando le ordenaron que se fuera volando a Tarifa a entrevistar a la mujer de Guzmán el Bueno, contestó con esta pregunta: “¿Con qué fotógrafo voy?”.  Podría ser un caso de lo que en el primer párrafo describí como torpeza extrema, pero al menos ahí se denota voluntad, empeño y ganas de aprender el oficio. Cosa que no se puede decir del siguiente personaje:

Él y un veterano tenían que informar de la misma cosa, pero desde trincheras diferentes. El redactor debía acudir a una rueda de prensa del PP y el neófito, a una del PSOE. El primero quedó encargado de meter los dos textos en una información conjunta, así que le pidió al otro que hiciera algo tan simple como pasarle por escrito lo que dijeran los socialistas en su rueda. Con lo que no contaba era con que el chico tenía más alma de escribano que de periodista y se limitó a transcribirla. Pero tal cual, comenzando por el saludo que todos los periodistas hemos escuchado cientos de veces: “Buenos días, gracias por su presencia y perdón por el retraso”.

Dejo para el final al absoluto Rey de los becarios, el hombre que batió todos los registros, el cabeza loca que marcó un antes y un después en este mundillo. Una prenda.

Lo empezó a demostrar desde el minuto uno, como se dice ahora. Cuando llegó, él y los demás de la camada (y ustedes disculpen la ironía) pasaron al despacho del director, que les soltó la típica charla sobre la importancia del periodismo pero también, para relajar el ambiente, les hizo saber que éste es un oficio sin horas y que tampoco pasaría nada si uno tuviera una buena información entre manos y dedicara la mañana a trabajarla sin pasarse por la redacción. En ese caso, añadió, bastaría con que se dejara caer por la tarde.

En su defensa sólo dijo que el mismísimo director le había autorizado a tomarse la mañana libre.

La siguiente mañana, el individuo no apareció. Pensamos, sin mucha convicción,  que se había tomado al pie de la letra las instrucciones del Gran Jefe y que por la tarde llegaría con algo jugoso, pero no fue así. Apareció con la cara de alelado a la que nos fuimos acostumbrando con el tiempo y en su defensa sólo dijo que el mismísimo director le había autorizado a tomarse la mañana libre. A veces uno sólo oye lo que quiere oír.

Ese mismo verano, al muchacho le encargaron que se montara en un carguero. Debía enterarse de cómo era el día a día en la embarcación y elaborar un reportaje sobre ello para el siguiente fin de semana. Eso fue un martes. Cuando regresó fue a la redacción se puso a escribir otras cosas y, dos horas más tarde o así, una veterana se enteró, creo que por un teletipo, de que varios inmigrantes a la deriva y deshidratados habían sido rescatados en mitad del Estrecho… precisamente por ese carguero. Con mirada de odio, la mujer se dirigió al becario y le preguntó: “¿Y tú no te enteraste de esto?”. A lo que él, con su habitual gesto inexpresivo, respondió que sí, pero que lo pensaba incluir en el reportaje del fin de semana.  La expresión ‘noticia de alcance’ le era absolutamente desconocida, por lo que se ve.

Terminamos derrotados, era un caso perdido. Hacía por norma barbaridades como marcharse a las siete de la tarde y dejar una columna colgada con el más que cuestionable argumento de que “el tío no me coge el teléfono”. En la redacción no faltaban ganas de estrangularle, ciertamente. Pero el caso es que ahora lo recuerdo con cariño, como a los demás. Es un hecho que nadie nace sabiendo, y por otra parte tampoco un arranque desastroso significa necesariamente una vida profesional plagada de fracasos. Así que, si algún bicho (sinónimo recurrente de becario) lee esto, que no se desanime: algunos de los que han sido nombrados en este artículo terminaron convirtiéndose en muy buenos periodistas.

PD: A todo esto, a ustedes no les importa que desaparezca hasta septiembre, ¿verdad?

 

 

Comentarios en este artículo

  1. No nos importa, no: a cambio de que vuelva usted con buenas historias como éstas. ¡Feliz descanso!

    Encarni
  2. Gracias. Como se dice en plan refinado: Que usted pase un buen verano en compañía de sus seres queridos. Un beso y hasta septiembre.

    Guillermo Ortega
  3. Qué tiempos, Guillermo… Cómo os reíais de mí cuando me decíais que yo tenía noticia de portada, que si no me había enterado de que el Titanic se había hundido… Gajes de becariear en Marítimas… Disfruta del descanso… Nos vemos… Bss

    Jaravita
  4. que razón tienes en todo… a mi me tocó tb sufrir lo mio con los de diseño!!

    Y a ver si nos vemos este agosto aunque sea un ratico,
    y si no ¡¡buen verano!!

    jesus mescua
  5. ¿Quién osaría a arrebatarte tu periódico? Me acabo de acordar: y aquel que trabajó un día y ya no regresó más porque vio que no era lo suyo. Quizás, el más listo de todos.

    David
  6. Para Jaravita: te he conocido y sé que más tarde o más temprano te dejarás caer por tu ciudad natal, que es la mía. Y que sabemos dónde encontrarnos.
    Para Jesús Mescua: lo mismo digo. Ahora mismo estoy en modo familiar, pero habrá tiempo para un reencuentro.
    Para David: No sé cómo has podido adivinar que el periódico era mío. Tanta sagacidad me deslumbra.
    Para los que escriban en los próximos días: me temo que no voy a contestar a corto plazo. Voy a desconectarme de interné y de to. Besos y abrazos.

    Guillermo Ortega

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