30
agosto

Gran Reserva 1966

amistad, juventud

Confieso que los reencuentros programados los acojo con cierta aprensión, porque siempre tengo la sospecha de que alguien, en un momento dado, va a soltar eso de: “Qué tiempos aquellos”, que es una expresión que odio casi tanto como la de: “Te lo dije”.

Sin embargo acudí y no me arrepiento. Frases tópicas al margen, ese tipo de citas invita, además de a ponerse hasta las patas de carnaca, tinto, whisky y demás, a reflexionar sobre el paso del tiempo y la permanencia de la amistad.

A algunos de los que aparecen en la foto los conozco desde que íbamos juntos a parvulitos. Otros se unieron en el colegio y así pudimos compartir la educación clasista, excluyente y violenta de Don Antonio. En la calle, en el instituto y en los inolvidables billares de Diego (donde, como cantaron Leño, hicimos la Primera Comunión) terminó de conformarse una basca heterogénea, y ése era probablemente su mayor encanto, aunque también es cierto que todos teníamos cosas en común. Y las seguimos teniendo, según pude comprobar. Nuestra querencia por la carnaca, el tinto, el whisky y demás, sin ir más lejos.

Con esa gente hice las cosas importantes de la juventud

Después he vivido en varios sitios y en todos ellos he tenido la suerte de hacer buenos amigos. En Ceuta, en Málaga, en Madrid y en Granada he dado con personas extraordinarias que me han enriquecido muchísimo. Incluso cuento con íntimos en lugares más lejanos, como Amsterdam, Berlín o Florencia. Pero a los de esta foto, y a otros que no vinieron y que eché de menos (Tinín y Andrés, por poner dos ejemplos) les debo un cariño especial. Porque ellos fueron los primeros.

Con esa gente hice las cosas importantes de la juventud, que es la época de la vida en la que te conviertes en persona y a la que siempre, inútilmente, quieres volver. Las excursiones a la Garganta del Capitán, las primeras salidas nocturnas (y sus consecuencias), las fiestas organizadas bajo el influjo del caos, las incursiones en bares y discotecas en busca de chicas, las más de las veces, para qué negarlo ya, con resultados patéticos, los conciertos en campos de fútbol y plazas de toros. Todo eso es pegamento. Las personas con las que has hecho eso están ligadas a ti para siempre.

La vida nos ha dejado cicatrices. Uno perdió un dedo en un accidente laboral; otro anda preocupado por unos problemas de hígado; a un tercero lo despidieron de un día para otro. Y a estas alturas ya casi podríamos jugar un partido de casados contra divorciados. A todos nos han dañado, pero es algo tan natural, tan inevitable, que mejor no echarle cuentas. También habremos hecho daño, no somos angelitos. Con el tiempo uno llega a la conclusión de que la vida es un intercambio de golpes, un ring en el que das, pero también recibes.

Es mi gente. Para bien y para mal, lo es. Jamás se me ocurriría juzgarles porque estoy seguro de que no soy mejor que ellos. Hay un hilo que nos une, que nos sigue uniendo y que lo hará en el futuro tanto si hacemos más barbacoas juntos como si no. Pero ya puestos, que las haya.

Ah, sería imperdonable olvidarlo: algunos vinieron con sus mujeres (bellas y encantadoras, naturalmente) y con sus hijos (sanos y educados, por supuestísimo). Que sepan que también son mi gente, van en el mismo pack.

Ya otro día, si eso, hablo de periodismo.

 

 

 

 

Comentarios en este artículo

  1. Pues sí, aquí estoy retratado el primero de la derecha sentado, el más joven auque con el pelo más blanco!
    Recuerdo que estando aún yo en el colegio me escapaba y me colaba en el instituto para estar con mi basca. Fue entonces cuando conocí a la que es ahora mi mujer. Espero estar en todas las farras que se organicen y acabar (esta vez si) borracho perdío.
    Genial post.

    Jesus mescua
    • Cierto, tú eres de la cosecha del 67, que tampoco estuvo nada mal. Y a ti te encontré en la calle, ni en el colegio ni en el instituto. Gracias.

      Guillermo Ortega
  2. Ole, y Ole,….
    Ya queda menos para la siguiente kedada. Un abrazo (pal que escribe y pa los que lo leemos)

    Luis Martinez
    • Otro para ti, criatura.

      Guillermo Ortega
  3. ¡Bienvenido de vuelta! Y en buena compañía, por lo que veo.

    Encarni
    • Gracias, amiga.

      Guillermo Ortega

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