05
septiembre

Tal día hizo un año; tal otro hará diez

despidos-Granada Hoy, ERE

No hace tanto tiempo como para que haya olvidado los detalles. Era el 31 de agosto de 2012 y yo comenzaba mi turno de descanso. Desde días atrás se venía rumoreando, cada vez con más insistencia, que nos iban a hacer un ERE, o que como mínimo habría un cierto número de despidos, y desde el principio tuve clarísimo que, si de verdad eso ocurría, yo caería con toda seguridad.

Esa mañana me avisaron de que por la tarde darían la lista de damnificados (y salvados). Recibí la llamada camino de Algeciras, pero pasé de volver; así de seguro estaba de que abandonaría la casa. Preferí tomarme los siguientes días para estar con mi hija, que por lo demás siempre me ha resultado, y me resulta, infinitamente más gratificante que hablar de problemas laborales.

Hasta el 17, el día en que definitivamente nos marchamos, aquello fue un infierno. Teníamos que trabajar como si tal cosa, sabiendo como sabíamos que nada de lo que hiciéramos nos salvaría. Hubo mucha tensión, tanta que a veces se desbocó. Como suele ocurrir en esas ocasiones, pagaron el pato los que simplemente pasaron por allí y molestaron, no los verdaderos culpables.

En última instancia, se encogerían de hombros y culparían a las circunstancias

Porque esos, por lo demás, no aparecieron. Es curioso cómo funcionan esas cosas: cuanto mayor es el tamaño de una empresa, más complicado resulta saber quién o quiénes toman las decisiones desagradables. En la sede central del grupo, en las entrañas de la bestia, como si dijéramos, habría sido una estupidez entrar siquiera. Todos se exculparían mutuamente y, en última instancia, se encogerían de hombros y culparían a las circunstancias. Estas cosas pasan, todos lo sabemos. Nos tocó a nosotros y punto, dirían sin decirlo.

Así que recogimos las cosas y nos fuimos a la calle con nuestra dignidad, que, como ya he dicho alguna vez, es esa cosa que no sabemos muy bien para qué sirve pero que a algunos nos gusta tener, aunque sea para no arrugarse ante los que viven de escándalo sin ella. Aunque sólo sea, y eso jamás lo confesaremos, para no tenerles envidia. Piénsenlo y verán que no es ninguna tontería: al que no tiene dignidad no se la pueden pisar. A los que alardeamos de ella nos meten cada guantazo que para qué.

El próximo día 13, ese mismo periódico celebra su décimo aniversario. Diez años de pertenencia a un grupo editorial que en su día, mucho antes de que iniciase una expansión a la postre catastrófica, tuvo prestigio y se ganó el respeto del sector. Eran tiempos en que a los periodistas se les contrataba, no se les dejaba en el paro ofreciéndole a cambio una raquítica indemnización. Ese grupo, entonces mucho más modesto y con seguridad no tan bien relacionado como ahora, tenía probablemente una mentalidad empresarial anticuada, más propia de una tienda de ultramarinos que de una empresa con ambiciones. Pero ahí se olía a tinta. El dueño del diario matriz vivía encima de la redacción y de noche oía el sonido de la rotativa.

Murió y su próspero negocio quedó en manos de su hijo. Nada nuevo en una empresa marcadamente familiar que había ido pasando de generación en generación. Pero las cosas han cambiado muchísimo desde que él pilota la nave. Por supuesto no vive encima de la redacción, que ni siquiera está ya allí. Se trasladó de un edificio emblemático a una impersonal nave en un polígono industrial de las afueras de Cádiz. Creo que eso es más que una anécdota.

No sé cuántas veces habré escuchado a los compañeros más viejos (que ahora por supuesto también están fuera del barco) decir eso de: “Si Don Federico levantara la cabeza…” Y tengo para mí que no se sentiría muy orgulloso de que la empresa que aún lleva su apellido conmemore el aniversario de una de sus cabeceras después de dejarla reducida a su mínima expresión. A ésa y a las demás. No creo que viera ningún motivo para la celebración.

*Fotografía de Radio Granada.

 

 

Comentarios en este artículo

  1. Luego ves a los monigotes avariciosos de la CEOE y tienes que hacer un esfuerzo para recordar que no todos los empresarios fueron (ni son) como ellos.

    Encarni
    • Cuidao con la úlcera, Encarni…

      Guillermo Ortega
  2. A mi la llamada del ERE me pillo haciéndome unas lentejas en mis vacaciones. Ambas me las fastidiaron. Nunca lo perdonare.

    David
    • ¡Mira que ir a despedirte justo cuando preparabas las Lentejas de tu Vida! Si es que hay gente que no tiene corazón ni tiene na…

      Guillermo Ortega
  3. Así son las cosas y así las hasta contado…

    Acorralado en el ring periodístico

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