11
septiembre

Las redes y el periodismo basura

Periodismo

Empecemos por la conclusión: las redes sociales están empobreciendo el periodismo aún más de lo que estaba, que ya es decir. No sólo han conseguido que cualquier berzotas se crea periodista por el simple hecho de manejarse en twitter sino que llega a confundir al profesional serio, a entorpecer su trabajo.

Un ejemplo reciente: el otro día cayó la grande en Guadix y por culpa de la lluvia el Ayuntamiento, con buen criterio, acordó suspender por esa noche la Feria. De eso se hicieron eco los medios y también muchos pobladores del universo internetélico, y ustedes perdonen el palabro.

Hasta ahí, todo bien. Pero resulta que en cuestión de minutos empezó a propagarse por las redes la supuesta noticia de que un hombre había muerto electrocutado en el recinto ferial de Guadix. Ante una cosa así, es lógico que los periodistas serios (yo vivo con una, que no salga de aquí) se vean obligados a contrastar. Ni el alcalde, ni los bomberos ni ninguna otra fuente confirmó el dato. Es más: lo negaron categóricamente. Y sin embargo, un montón de pirados que al parecer no tienen otra cosa mejor que hacer que vivir en internet seguían dale que te pego con el what,sapp y el twitter reafirmándose en que sí, que había pasado, que esto y lo otro. Lo cual, muy probablemente, llevó a muchos profesionales, instados por sus inseguros jefes, a volver a llamar a diestro y siniestro, a molestar a las mismas fuentes ya consultadas.

Cuando un rumor se lanza, es casi imposible detenerlo. Y si encima ahora cuenta con un aliado así, que le da un efecto multiplicador tremendo, sus efectos son mucho más dañinos. Estoy convencido de que, pese a que los medios serios (estoy por ponerle unas comillas simples a eso de serios, pero bueno) terminaron por no hacerse eco, mucha gente seguirá pensando que eso sucedió, que en Guadix murió un hombre electrocutado. Lo dijeron tantos tuiteros que seguro que tenía que ser verdad. Como aquel dicho: “Coma mierda. Veinte mil millones de moscas no pueden estar equivocadas”.

Ahora, cualquier tontaina que cree saber juntar letras se siente capacitado para montar un periódico digital

Luego está lo de los periódicos digitales, un peldaño más que se baja camino de las cloacas. Ahora, cualquier tontaina que cree saber juntar letras se siente capacitado para montar uno. Los resultados, las más de las veces, son ridículos, dan risa o vergüenza ajena. Pero lo peor de todo es que, en su estulticia, los tipos piensan que están en su derecho de competir en igualdad de condiciones con, lo repetiré, los medios serios. Y si un partido político, por ejemplo, no convoca al periódico chufla a una rueda de prensa, va y se indigna y habla de discriminación y tal y cual. Naturalmente, excluyo de la lista de execrables a este dignísimo medio que me da cobijo.

Chuflas, hay que aclararlo, los ha habido siempre. Se me viene a la memoria algo que ocurrió hace como quince años o así: yo estaba cubriendo un partido de fútbol que arbitraba un señor que, pobrecito mío, era gangoso. Le hablaría a algún jugador o algo, pero el caso es que en cosa de pocos minutos toda la grada ya estaba al cabo de la calle. Y lo que es peor: la distorsión del mensaje típica del boca-oreja transformó su defecto en algo más grave y poco después  lo que circulaba era que el hombre estaba arbitrando borracho.

No era así, puedo acreditarlo porque en el descanso, por aquello de contrastar, me busqué la vida para llegar a la zona de vestuarios y lo tuve lo suficientemente cerca como para comprobar que, efectivamente, era gangoso, pero nada más. Sin embargo, un sujeto al que le habían dado un micro y que nada más que por eso ya se creía periodista radiofónico (como al aparcacoches que le encasquetan una gorra y piensa que es guardia civil) difundió todas las veces que pudo que el colegiado estaba borracho. Hasta se permitió la desfachatez de añadir que olía a alcohol, que él podía atestiguarlo. Trabajaba para une emisora supuestamente formal, lo que demuestra que en todas partes cuecen habas.

Menos mal que la credibilidad de ese fulano era muy limitada. Podría comentar otras muchas anécdotas suyas para demostrarlo, pero me limitaré a narrar una muy brevemente, que si no me desvío demasiado de mi camino: iba el hombre a Sevilla para informar del sorteo de una fase de ascenso y su coche se averió antes de llegar. Cuando la emisora le dio paso, él, en lugar de confesar la verdad, se inventó que había llegado al sitio y no le habían dejado entrar, que aquello era un escándalo y tal y cual. El sorteo, mientras tanto, se celebraba con absoluta normalidad.

 El riesgo que eso conlleva es que el público tienda a meternos a todos en el mismo saco

Pero a lo que iba era a que chuflas los ha habido, los hay y los habrá. Siendo esto tan cierto ahora como hace veinte minutos, también lo es que internet contribuye a que proliferen. El riesgo que eso conlleva es que el público tienda a meternos a todos en el mismo saco. Y no, eso que quede claro. Unos somos periodistas, tenemos una preparación (y no me refiero específicamente a la titulación), un criterio y una profesionalidad. A mí que no me digan que un individuo como el descrito unos párrafos más arriba es mi compañero porque no puedo admitirlo. Como no puedo admitir que la gacetilla digital o el confidencial que difunde rumores por sistema o es la correa de transmisión de una organización política puedan equipararse a un periódico en condiciones.

No queda ahí la cosa. También el oficio de fotógrafo está cada vez más denostado. En su blog, de lectura obligatoria, David Lendínez lo explica estupendamente bien. Seguro que habrán escuchado este comentario: “Hoy en día, con las cámaras que hay, cualquiera puede hacer fotos”. Sí, tontico, sí. Apretar un botón está al alcance de cualquiera, pero no es eso, no se trata de disparar porque sí, sino de hacer de la foto un elemento periodístico.

Completemos el cuadro: ordenanzas (ocupación perfectamente respetable, nada que objetar) que se reconvierten en maquetadores, que es como decirle implícitamente (o más bien explícitamente) a quien tiene conocimientos de diseño que se los puede meter por el culo; intoxicadores e indocumentados ascendidos a la categoría de articulistas de opinión para que te rellenen una página; supuestos especialistas en tal y cual materia que sueltan bobadas sonrojantes y se quedan tan anchos… El panorama es para llorar y nadie pone coto, nadie se preocupa por ofrecer un mínimo de calidad. Y luego nos extrañaremos de que el periodismo sea una de las profesiones menos valoradas.

Total, que de aquí y a poco esto será real como la vida misma.

 

*Foto de La Columnata

 

 

Comentarios en este artículo

  1. Estimado Guillermo: Genial tu artículo Las redes y el periodismo basura. Sensacional sin paliativos. La pena, una vez más, es que los profesionales no hemos sido capaces de dotarnos de mecanismos que impidan este estado de cosas. Y así nos luce. Una decrepitud que muchos creen irremontable. Qué bien escribes, jodío. Un abrazo

    José Manuel Serrano Valero
    • Así nos luce, tú lo has dicho. Muchas gracias, compañero. Comentarios como el tuyo alegran el día. Un abrazo.

      Guillermo Ortega
  2. Las redes ayudan, pero enredan también. Un honor aparecer en tu artículo. De lectura obligatoria. Guau, esto creo que me va a costar algún vino. Gracias.

    David
    • Nada que tú no te merezcas, porque tú sabes que tú eres uno de los 814 mejores periodistas que yo conozco y tal y cual…
      Pero vamos, que un vino no le hace daño a nadie, así que cuando quieras.
      Un abrazo.

      Guillermo Ortega
  3. Nada que reprochar. Qué bien ilustras lo que está ocurriendo en la profesión. Un abrazo compañero.

    Maria Ángeles
    • Ya me gustaría a mí contar cositas más agradables. Otro abrazo para ti.

      Guillermo Ortega
  4. Triste, muy triste, pero así es, como lo cuentas. Y lo peor es que la única arma que nos quedaba a los profesionales, hacer nuestro trabajo con esfuerzo, sacrificio y de la mejor manera a nuestro alcance, cada vez vale menos. Gracias por tener el coraje de analizar la situación de esta profesión de la que cada vez me veo mas distanciado.

    Jesus Ochando
    • Digo lo mismo de antes: ya me gustaría contar cosas más agradables, pero la profesión pasa por su peor momento. Es lo que hay.

      Guillermo Ortega
  5. Con título o no, el resultado final es el que cuenta.
    Nos hemos creado unas necesidad y un estado de vida fuera de la verdad, ahora toca asumirla…….

    Garrido Ortega
    • No entiendo muy bien lo que dices, la verdad…

      Guillermo Ortega

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