14
noviembre

Gazapos, erratas y falta de humor

Gazapo

“Estas cosas han pasado, pasan y pasarán”. No sé cuántas veces habré dicho esa frase en los 22 años que me he tirado trabajando en periódicos. Siempre que publicábamos algo inexplicable: cuando poníamos una errata del tamaño de un tigre de bengala en un titular que habíamos revisado cuatro personas, cuando atribuíamos un nombre o un cargo falsos al individuo protagonista de la noticia, cuando salía un pie que no tenía que ver nada en absoluto con la foto a la que acompañaba, cuando le dábamos una patada al mapa y asegurábamos, qué se yo, que Helsinki era la capital de Rumanía…

Antiguamente se atribuían esos errores a los duendes de imprenta y así se salía del paso. No es eso, ocurre únicamente que nos equivocamos. Ni más ni menos que en otras profesiones, pero con la puñetera desgracia de que nuestro trabajo sale a la calle todos los días. Y el añadido, al menos en los medios impresos, de que los fallos están expuestos a la vista de todos. Qué casualidad, por cierto, que cuando había algún error de bulto todo el mundo leía la noticia y en cambio cuando dábamos alguna exclusiva la gente se olvidaba ese día de comprar el periódico…

Cuando Europa Sur cambió su diseño tuvimos que hacer una especie de cursillo acelerado para adaptarnos a las nuevas claves. Hicimos algunos periódicos ficticios (como los números cero, para entendernos) que, teóricamente, nunca verían la luz. Y como estábamos convencidos de que no la verían, los poblamos de titulares estrambóticos, porque otra cosa no pero imaginación nunca nos ha faltado. En deportes, la sección en la que yo estaba, escribimos que un futbolista  “se amputa su propia pierna para no jugar el domingo” y atribuímos a un entrenador (un tipo extraordinario que por desgracia ya falleció) una frase en la que reconocía que cuando sonreía se parecía al muñequito del Netol.

Todo ello alegremente, con la despreocupación de quien está convencido de que eso sólo servía para echarse unas risas en la redacción. Pero ocurrió que el periódico decidió anunciar a bombo y platillo que estrenaba diseño y, para ilustrarlo, reprodujo algunas de las páginas que habíamos confeccionado. Afortunadamente, las bestialidades que escribimos en deportes salieron a un tamaño tan pequeño que nadie salvo nosotros se dio cuenta.

Antes aún, trabajando yo en Diario 16 Málaga, el redactor jefe le pasó a la sección de cultura un comunicado que hablaba de la nueva obra que iba a publicar un señor llamado José Infante. Pero el redactor jefe, que ese día se habría levantado graciosillo, interpuso entre el nombre y el primer apellido del escritor una palabra: tierno. Lo hizo con un boli, era una bromita, le había gustado lo de “tierno infante”.

Se lo tomó a broma: “¿Cómo puede saber que estoy tierno si no me ha probado”, preguntó

Pero la redactora que se hizo cargo del comunicado entendió que la anotación en boli era una corrección y que ese buen señor se llamaba en realidad José Tierno Infante. Y así lo llamó varias veces a lo largo de la noticia que elaboró. Tierno Infante esto ,Tierno Infante lo otro… El escritor, al día siguiente, envió una desternillante carta al director en la que reprochaba irónicamente a la redactora su metedura de pata. “¿Cómo puede usted saber, señora, si yo estoy tierno o no, si no me ha probado?”, le preguntaba. Menos mal que se lo tomó con humor.

Vuelvo a Algeciras para comentar que lo de los pies de foto también tiene su miga. Una vez adaptamos una información nacional sobre algo relacionado con las bodas entre homosexuales para darle un matiz local, supongo que dispondríamos de alguna información propia adicional, el detalle lo he olvidado. Pero la foto no la llegamos a ver, no la teníamos que tocar. El pie decía, si no textualmente, una cosa muy parecida a: “Dos homosexuales pasean de la mano en la calle nosequé“.

Los profesionales saben cómo va esto, para los neófitos es más difícil explicarlo, pero más o menos la cosa es que las páginas nosotros las enviábamos por vía informática a la sede central de los periódicos del grupo, por entonces en Cádiz. Allí, una vez tenían todas en su poder, mandaban el periódico a la rotativa. La página con la información sobre los homosexuales debía ser la número 15 (hablo de memoria, claro) pero alguien se equivocó y le atribuyó el número 17, que tenía como tema principal una rueda de prensa que había dado el PP de Algeciras. Por motivos que se me escapan, posiblemente por la conjunción de varios planetas, al final salió publicada una foto con dos dirigentes locales de ese partido para ilustrar la noticia sobre los homosexuales… con el pie de foto antes mencionado. Obviamente, el director llamó a ambos para pedirles disculpas. Uno de ellos se lo tomó a cachondeo, el otro se cabreó muchísimo. Como de costumbre, digo el pecado pero no el pecador.

Hay patinazos neuronales que convierten “coger el toro por los cuernos” en “coger a todos por los cuernos”

Podría contar muchísimas cosas más: patinazos neuronales que convierten “coger el toro por los cuernos” en “coger a todos por los cuernos”, que por más que lo miremos no es lo mismo; textos donde se asegura que el Estudiantes le ganó al Joventut por xx a xx, que es lo que pasa cuando uno tiene todo terminado a falta de saber el resultado y en última instancia se aloba y no lo pone… Y fallos los hay en todas las casas: sin salir del ámbito deportivo, hubo quien contó que Nadal había ganado un partido y se enfrentaría en la final al “puto serbio“.

Son fallos, es evidente. Errores garrafales, de tres pares de narices. Pero no creo, honestamente, que sean ese tipo de cosas las que quitan credibilidad a un medio. Lo grave, para mí, es no contrastar las informaciones, no currarse los temas, escaquearse, tirarse toda la tarde pensando en las musarañas mientras otros hacen páginas con las orejas (acertadísima expresión acuñada por mi ex compañero Rubén Almagro), culpar de los goles encajados a las circunstancias, ser mal compañero, no hacer nunca autocrítica, no estar al día… El periodista que cometa ese tipo de faltas a lo mejor debería plantearse si ése es su oficio, o llegado el caso sus superiores podrían pedirle que se enmendara o se atuviera a las consecuencias. ¿Pero echar a alguien por escribir que el Estudiantes le ganó al Joventut por xx a xx o por poner en un periódico de mentirijillas que un jugador se amputa una pierna? Eso es radicalmente injusto.

Pues antes no pasaba, pero ahora sí. Esta historia, por desgracia, no tiene un final feliz. Igual muchos ya saben lo que ha ocurrido. Si no, que se enteren por otro lado, a mí me contarlo me solivianta demasiado y mi médico me ha prohibido que me aperree.

 

Comentarios en este artículo

  1. Que bueno, mira que me he reido… cuando era niño el rey de las pifias era sin duda el “Area” en el campo de gibraltar. Mi hermano Enrique conservaba un recorte que ponía en grande “CASTELLAR” (como el pueblo) y seguidamente “En el cine Florida Supermán, en el cine Almanzor Phantomas, en el cine…tal y tal… querían decir CARTELERA, claro está.

    Para los amantes del comic. Los Profesionales (Carlos Giménez) Impagable.

    jesus mescua
    • El Área, pasados los años, me trae muy buenos recuerdos. Me adhiero a tu recomendación de Carlos Giménez: Los Profesionales, Barrio, Paracuellos…

      Guillermo Ortega

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