21
noviembre

Detrás de la sonrisa

optimista

Los que tienden al pesimismo lo ven claro desde el principio: he sido expulsado del paraíso, ahí fuera no hay nada, esto es una mierda. Los que se resisten a caer en él reaccionan con más entereza: algo surgirá, no puedo creer que no encuentre alguna cosa, ya iré tirando. Dios proveerá. O, como vio a decir Tierno Galván, Dios nunca deja tirado a un buen ateo.

Con el tiempo, quienes integran esta última corriente de pensamiento (y a partir de ahora hablaré en primera persona, porque me incluyo ahí), empiezan a desencantarse. Habíamos escuchado muy a menudo eso de que ahí fuera hacía mucho frío, tantas veces que la tomábamos por una frase hecha. Pero hace una rasca que no veas, se acentúa conforme pasan los meses, mengua el subsidio y no se vislumbra nada, salvo quizás algún parche. Lexatín para el alma.

Llega un momento en que todos nos hacemos las mismas preguntas: ¿a qué podemos dedicarnos, qué actividad podemos desarrollar para ganar dinero? Porque al fin y al cabo es de lo que se trata, de llevar a casa lo que acostumbrabas, porque ni quieres renunciar del todo a lo que tenías (aunque de algunas cosas has tenido que prescindir, lógicamente. Le llaman economía de guerra) ni, desde luego, las facturas que te siguen llegando se pagan solas. Mapfre no te dice que no te preocupes, que ya abonarás cuando puedas el seguro del coche, ni el BBVA te perdona los recibos de la hipoteca, como tampoco Vodafone se tira el rollo y te regala dos meses gratis de teléfono móvil.

Nos estrujamos las meninges buscando La Idea, ese negocio perfecto que nos hará ganar una cantidad  razonable. Pero pocos son los que dan con la tecla y muchos los que nos embarcamos, más tarde o más temprano, en proyectos de presente opaco y futuro incierto. Nos consolamos diciendo que al menos lo estamos intentando. Pero en el fondo sabemos que si lo hacemos es porque no hay nada peor que estar mano sobre mano, levantándonos por las mañanas sabiendo que todo es inútil. Porque si caemos en eso, pasamos a engrosar el grupo de los pesimistas, y no queremos.

Con uñas y dientes nos resistimos, pero el tiempo desgasta muchísimo

No dejamos de repetirnos el mantra de costumbre: “No podrán conmigo así como así, no podrán conmigo así como así”, pero cada vez lo hacemos con menos convicción. Con uñas y dientes nos resistimos, pero el tiempo desgasta muchísimo. Y mientras pasa, inevitablemente, comenzamos a pensar en los que siguen en la brecha, a añorar lo que fuimos y, que nos perdonen, a plantearnos por qué ellos tienen más derecho que nosotros. Craso error: sospecho que hay alguien, digamos ahí arriba aunque no tanto como en el cielo, que se alegraría todavía más si, además de cabreados, nos tuvieran divididos.

Seguimos saliendo a la calle, a ver quién es el guapo que nos la quita. Y en las barras filosofamos con desheredados como nosotros, aseguramos que estamos dispuestos a lo que sea, a trabajar en lo que encarte, porque a estas alturas ya hemos renunciado a los principios, a matar o morir por ellos. Hasta nos ponemos intensos y decimos cosas como que eso de morir uno sólo lo haría por su mujer y su hija. Lo cual, mirándolo bien, también es un principio.

Nos entretenemos como podemos mientras seguimos luchando por creer en algo. Escondemos nuestra frustración y nuestra impotencia detrás de una sonrisa, o quizás de una melodía tarareada o subida al Facebook. Pero no levanten esa capa o descubrirán que, debajo de ella, no somos felices.

*Viñeta de JR Mora.

Comentarios en este artículo

  1. Perfectamente descrito, yo soy de los tuyos. Tenemos que echarle huevos, no nos queda otra. Un saludo y ánimo Guillermo!!!

    M
    • Eso hacemos, echarle huevos. Muchas gracias. No te lo tomes a mal, pero preferiría no tener que publicar comentarios anónimos. Un saludo.

      Guillermo Ortega
  2. Adelante, que tu escribes de puta madre, y no vamos a estar así siempre. Suscribo todo lo que dices.

    Julián garcía
  3. Ah, y muy buena la cita de Tierno, qué gran hombre, él si que tuvo un gran acompañamiento cuando murió, si viera como estamos ahora, estaría destrozado

    Julián garcía
    • Muchas gracias.

      Guillermo Ortega

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